Opinión

"Viajas allí de escapada en pareja sintiéndote casi adolescente y regresas con la agenda cargada de fechas y claves para cuando tu hijo comience la universidad"

Al pensar en la UNAV, me seguía viendo desde la perspectiva del alumno pese a que hace más de dos décadas que dejé de pisar sus aulas

Alumnos y familiares siguen una de las sesiones en la jornada de puertas abiertas de la UNAV.
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Alumnos y familiares siguen una de las sesiones en la jornada de puertas abiertas de la UNAVÍÑIGO GONZÁLEZ
Alumnos y familiares siguen una de las sesiones en la jornada de puertas abiertas de la UNAV.

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Íñigo González

Publicado el 12/02/2026 a las 11:34

Motivos familiares me han llevado a Madrid unos días y allí he constatado que el tiempo no perdona. A nadie. Viajas allí de escapada en pareja sintiéndote cuasi adolescente y regresas con la agenda cargada de fechas, datos y claves para cuando tu hijo comience la universidad. Sin darte cuenta. ¿Ambas cosas son compatibles? Sí. ¿Las dos situaciones son gozosas? También. Pero no deja de sorprender la plasticidad del cerebro cuando hace clic y te pasa a la siguiente pantalla. 

El caso es que mi santa y yo acabamos en la jornada de puertas abiertas que la Universidad de Navarra organiza en su sede de la capital. Open Day lo llaman, que en inglés todo suena mejor para la chavalería que en septiembre correteará por el campus. Y la historia es que nuestro heredero, aunque de lejos, se asoma ya a esos años. Así que sin tenerlo muy planeado me lo imaginé sentado en una de las sillas que abarrotaban estudiantes de bachillerato y sus familias. Y empecé a ver la sesión con otros ojos. 

Porque hasta ahora, al pensar en la UNAV, me seguía viendo desde la perspectiva del alumno pese a que hace más de dos décadas que dejé de pisar sus aulas. Será un mecanismo de defensa anti edad. O que algo harán muy bien en ese centro para que el sentimiento de pertenencia no caduque con los años. Y de todo el tinglado me quedé con dos cosas; la primera, la organización, donde todo funcionaba como un reloj y sorprendía el número de profesionales que hay detrás de un acto de este tipo. Un montón. Y se entregan. 

Y lo segundo fue comprobar cómo los valores de la Universidad que yo conocí en el último año del siglo XX siguen siendo lo mismos que ofrecen bien entrado el XXI. O al menos se parecen muchísimo. La rectora habló de servicio, pasión, entrega, talento, ciencia y humanismo. Los estudiantes de cercanía y educación personalizada. Y los antiguos alumnos de la impronta que les dejaron sus años en Pamplona. Hasta el periodista Aimar Bretos, director de Hora 25 en la Ser, regaló perlas a Navarra con lo guipuchi que es. El 21 de este mes es el turno de Pamplona. Igual me paso con el primogénito.

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