Opinión
"Cuando uno tiene una dolencia de esas que no se resume en una palabra, molesta y cambiante, explicarla desde cero cada vez que se va al médico da muchísima pereza"
Compartir consulta con el doctor de cabecera se ha convertido en una misión imposible en Navarra


Publicado el 05/02/2026 a las 11:27
Mi médico de familia se llama Gustavo y es un tipo estupendo. De esos que curan tanto por cómo diagnostican como por cómo escuchan. Y eso, en esta época acelerada que vivimos, vale oro. Pero claro. Tenemos un problema. Bueno, más bien lo tengo yo. Y es que, de un tiempo a esta parte, compartir consulta con él se ha convertido en una misión imposible. Porque, amigos, con la sanidad pública navarra hemos topado.
En estas mismas páginas han corrido ríos de tinta para denunciar el estado actual de nuestro sistema. Aquel que otrora fuera la envidia del mundo y hoy pelea por mantenerse a flote con lo que tiene. O con lo que le dejan. Porque si los últimos años ya ofrecían claros síntomas de agotamiento, la pandemia le ha puesto el rejón de muerte.
Y les cuento. Mi centro de salud tiene unos cuantos miles de navarros adscritos. Muchos. Una cifra que nada tiene que envidiar a la de las poblaciones más grandes de la Comunidad. Y el empeoramiento en las condiciones de acceso es motivo de queja recurrente entre los vecinos. Un ejemplo. A finales de noviembre intenté pedir cita con mi doctor. El teléfono ya no es una opción, pues se ha convertido en algo inaccesible. Y la solución de enviar a mi mujer o a mi madre de 83 años a hacer cola a las 7.30 de la mañana mientras pongo en marcha a la familia es sólo el último recurso. Así que toca abrir la carpeta sanitaria digital. ¡Albricias!: cita para mitades de enero. Ok. El tema no es mortal de necesidad, puede esperar cuatro semanas. Sólo que por fin llega el día y al abrir la puerta... ¡sorpresa! No está Gustavo. Mes y pico de espera para hablar con él y te topas con una bata blanca anónima. Que te trata genial, ojo, pero es que resulta que es la tercera vez de las últimas cuatro que te cambian el médico sin avisar.
Cuando uno tiene una dolencia de esas que no se resume en una palabra, molesta y cambiante, explicarla desde cero cada vez que se cruza una puerta da muchísima pereza. Y cierta ansiedad. De ahí que contar con tu persona de confianza sea básico. Con todo, tragas, realizas las pruebas, y pides cita con él para los resultados. Pero tampoco. El día X quien te franquea el paso vuelve a ser un desconocido. Otro más. Y qué quieren que les diga, esto ni es normal ni es lo que todos conocíamos hasta antesdeayer. Así que ya saben, alguien debería ponerse ya las pilas.
