Opinión

"Fue la Universidad de Navarra la que hizo posible que las sucesivas generaciones, con independencia del nivel económico, pudieran realizar estudios universitarios"

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José Ignacio Palacios

Publicado el 29/01/2026 a las 05:00

En la reseña del acto de inauguración del nuevo edificio de Ciencias de la Salud de la UPNA, que este periódico publicaba el 27 de enero, me ha llamado poderosamente la atención las intervenciones que allí tuvieron tanto la presidente del Gobierno de Navarra, María Chivite (“Si queremos que en nuestra sanidad estén los mejores profesionales, debemos garantizar que el acceso a los estudios sanitarios no entienda de origen o renta”), como la del secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidad y exconsejero del Gobierno de Navarra, Juan Cruz Cigudosa (“Queremos que los hijos de las clases trabajadoras tengan acceso a la educación universitaria”). Yo pensaba que esto era algo que hacía muchos años que estaba superado en Navarra.

La Pamplona y Navarra de 1952, año que echó a andar la Universidad de Navarra, nada tienen que ver con las de hoy. Pamplona contaba entonces con 72.500 habitantes y Navarra con 383.354, por lo que, en estos 73 años, la primera ha multiplicado su población casi por 3 (205.762) y, la segunda, casi se ha doblado (683.854).

En esa mitad del siglo XX esta era una provincia agrícola, el 45% de su población activa se dedicaba a la agricultura, con muy pocas industrias. Por eso, desde 1900, la cuarta parte de la población navarra se había visto obligada a emigrar porque aquí no podía vivir. Además, como en esta tierra solamente se podían hacer estudios de Magisterio, Comercio y Perito Agrícola, así como los religiosos en el Seminario, todo aquel que quería realizar estudios universitarios, si su económica familiar se lo permitía, se veía obligado a salir fuera de Navarra y estos eran escasos.

Los dos motores que permitieron que Navarra se transformara en unos pocos años y se convirtiera en una región industrial, con muchas personas licenciadas universitarias, que empezó a recibir inmigrantes fueron Félix Huarte y la Universidad de Navarra.

Centrándonos ahora en esta, fue la Universidad de Navarra la que hizo posible que a partir de los años 50 las sucesivas generaciones de jóvenes navarros, chicos y chicas, que quisieron, con independencia del nivel económico de su familia, pudieron realizar estudios universitarios de todo tipo y de gran prestigio, algo que hasta entonces era impensable, y esto ha hecho que, a día de hoy, Navarra sea una de las tres comunidades con un mayor nivel formativo de España.

Podríamos aburrir con muchas cifras y datos para fundamentar este aserto, pero creo que no es necesario porque muchas personas que lean estas líneas darán fe de ello y dirán: “yo soy una de ellas”. Y creo, no lo sé, que este pudo ser, también, el caso del propio Juan Cruz Cigudosa, nacido en San Adrián en 1964, que estudió en la Universidad de Navarra. Hace pocos meses, el pasado mes de julio, Juan José Zarranz Imirizaldu, neurólogo y primer catedrático de neurología de España, nacido en Pamplona en 1944, lo expresó muy claro en una entrevista a dos páginas que le hizo Diario de Navarra (27.07.2025). En ella dijo que él era ¡El primer universitario de su familia! Y añadió: “mis padres eran un matrimonio coraje (…) y, en 1942, en plena posguerra y dos años antes de que yo naciera, abrieron la tienda Zarranz, en la calle Estafeta, donde aún continúa. (…) Mis padres trabajaron toda su vida sin descanso. Sin fines de semana, sin vacaciones y, por supuesto, sin viajar nunca a ningún sitio. Mis hermanos mayores no pudieron estudiar, pero yo sí porque se dio la circunstancia de que acababan de inaugurar la Universidad de Navarra. Si no hubiera sido por eso, muchos navarros nunca habríamos podido estudiar porque la mayoría procedíamos de familias modestísimas. La universidad transformó la comunidad”. Así que, Sra. Chivite y Sr. Cigudosa, déjense de demagogia barata y dedíquense a resolver los muchos problemas de los ciudadanos, que buena falta hace.

José Ignacio Palacios

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