Opinión
La geopolítica de Trump

Actualizado el 18/01/2026 a las 11:26
La llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU en 2017 (1.0), marcó un giro político profundo en las relaciones exteriores de EE.UU. y en la dinámica geopolítica global. Bajo el lema “ América First,” Trump cuestionó abiertamente los principios del orden internacional liberal que EE.UU. había promovido desde el final de la segunda Guerra Mundial. Su enfoque priorizó los intereses nacionales inmediatos, el unilateralismo y una visión transnacional de las Relaciones Internacionales, generando tensiones con aliados históricos y redefiniendo la relación con potencias rivales.
Uno de los rasgos centrales de la geopolítica de Trump, fue su rechazo al multilateralismo. Durante su mandato(1.0), EE.UU. se retiró o debilitó su participación en varios acuerdos clave, como el Acuerdo de París sobre el cambio climático, el Acuerdo Nuclear con Irán y su salida de la Organización Mundial de la Salud. A juicio de Trump, estas instituciones limitaban la soberanía estadounidense y beneficiaban a otros países a expensas de EE.UU.
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En el plano económico Trump adoptó una política claramente proteccionista rompiendo con décadas de promoción de libre comercio, impuso aranceles a productos de China, UE, Canadá y México, utilizando la guerra comercial como herramienta geopolítica. El conflicto con China fue especialmente significativo, ya que reflejó una competencia estratégica más amplia para la “hegemonía global”.
En materia de alianzas, la administración Trump mantuvo una relación ambivalente con socios tradicionales. Por un lado, exigió que los países miembros de la OTAN aumentaran su gasto militar, argumentando que EE.UU. asumía una carga desproporcionada y por otro lado cuestionó públicamente la utilidad de la Alianza, lo que generò preocupación en Europa sobre la fiabilidad del compromiso estadounidense con la seguridad colectiva y debilitaba la cohesión del bloque occidental a la vez que abría espacios de influencia para otras potencias como Rusia y China.
El segundo mandato de Trump(2.0), se inicia con un desdén absoluto por el multilateralismo y define su visión de política exterior como doctrina Donroe, un juego de palabras con su nombre y el de James Monroe presidente estadounidense que proclamó en 1823 la frase “América para los americanos” oponiéndose a la colonización europea en el continente americano y advirtiendo que cualquier intervención en el continente americano se consideraría una agresión a EE.UU..
La doctrina Donroe viene a representar ahora una síntesis radical, que comenzaron en su primer mandato(1.0) en 2.017, a la vez que supone una ruptura paradigmática. La continuidad reside en el rechazo, ya indicado, al multilateralismo, la crítica a las alianzas asimétricas y el arsenal de herramientas económicas (sanciones, aranceles y el dólar ), pero la ruptura es ideológica y cognitiva.
A partir de ahora EE.UU., ya no pretende encarnar el liderazgo democrático global. Afirma un poder autoritario, informativo, religioso y revisionista. El soft power (poder blando) da paso al Algorithmic power(poder algorítmico). La diplomacia se privatiza y el orden mundial se fragmenta. Esta transformación coloca a Europa en una situación sin precedentes y considera a los aliados históricos prescindibles incluso hostiles.
Recientemente y en solo una semana, Trump ha intervenido Venezuela deteniendo al presidente Maduro y ha amenazado a Cuba, Colombia, México, Irán y Groenlandia y se ha autoproclamado dueño del petróleo venezolano.
La intervención de EE.UU. en Venezuela, recuerda otros episodios que trazan la historia de un país y recuerdan la frase del presidente Theodore Roosevelt en 1.897: “Parece que se necesitan guerras para crecer”. Así comenzó con la intervención en 1.898 en Cuba, Puerto Rico y Filipinas y otras islas contra España y supuso el surgimiento de EE.UU. como potencia mundial y supuso un cambio en la doctrina Monroe.
La doctrina Donroe, la describen los expertos como un reparto de influencia entre grandes potencias con Washington al frente del Hemisferio Occidental, China al mando de Asia y Rusia al mando de la antigua Unión Soviética. Con un gran poder presidencial para actuar en el exterior, Trump lo utiliza para dinamitar el régimen de la posguerra, estableciendo un sistema que representa un regreso al pasado, donde impera la ley del más fuerte.
Finalizar señalando que entre el mandato 1.0 y el 2.0, se ha producido un cambio de paradigma entre la desestabilización de las alianzas y la reconstrucción de un orden posliberal más asertivo. La diplomacia ya no es una herramienta para el consenso, sino un espacio de conflicto informativo que marca el surgimiento de un Estado narrativo, que es capaz de gobernar mediante la emoción, la influencia y la ideología, rompiendo con el legado institucional y legal del siglo XX y que confirma a Henry Kissinger cuando dijo: “La política internacional no se basa en la moral, sino en los intereses”.
Joaquín Garro Domeño es Doctor en Seguridad Internacional.