Opinión
Una crisis que no aborda los problemas reales


Publicado el 09/01/2026 a las 05:00
La presidenta Chivite celebró el 22 de diciembre el tradicional brindis navideño con los miembros de su Ejecutivo y periodistas. A punto de coger la copa de cava y con Félix Taberna a su derecha dijo: “Quiero poner en valor la solidez de este gobierno”.
Curiosa solidez cuando nada más volver de la Navidad cesa de sus cargos a su vicepresidente primero, Félix Taberna. Es decir, a su mano derecha (¡vaya racha de manos derechas amputadas en el socialismo!). Y para mostrar aún más solidez, hace lo propio con la portavoz del Gobierno y consejera de Interior y de Función Pública, Amparo López. Es decir, la encargada de poner voz al Gobierno y de dirigir a los 30.000 trabajadores de la Administración foral.
La sorprendente crisis de Gobierno escrita, dirigida y protagonizada por María Chivite se ha llevado por delante a dos rostros amables de los que no han trascendido sus deméritos. Por el contrario, mantiene en su sillón al más cuestionado de todos: Óscar Chivite (obras del túnel de Belate). La presidenta sabe que los acuerdos con los socios de Gobierno penden del mismo hilo que sostiene a Pedro Sánchez. Por eso solo ha metido la tijera en los consejeros del PSN que ella dirige. Por que aprovechando la ocasión, igual podía haber intentado algo con Fernando Domínguez (listas de espera, malestar sanitario…) o Mikel Irujo (crisis industrial galopante), ambos de Geroa Bai. O con Begoña Alfaro, de Contigo (el problema de la vivienda).
Pero todo va tan bien, según Chivite (“el Gobierno comienza el año con la tarea hecha, con un claro mensaje de solvencia, de estabilidad y de fortaleza”), que en lugar de solucionar algunos de los problemas de la calle ha preferido generarse uno. Así las cosas, no es de extrañar que en la rueda de prensa Chivite incurriera en contradicciones o tirara hasta de Donald Trump para intentar justificar su decisión.
Uno de los argumentos empleados por María Chivite para los dos ceses fue que “la gente demanda certidumbres, estabilidad, tranquilidad, menos ruido y eso es precisamente lo que le ofrece este Gobierno”.
La incógnita es saber qué sucederá a partir de ahora. A la portavocía del Gobierno vuelve Javier Remírez. En su periplo madrileño por el Senado se ha convertido en uno de los agitadores socialistas de las redes sociales y de la comisión de investigación del ‘caso Koldo/Cerdán/Ábalos’. Digna de estudio fue su defensa al expresidente de la SEPI y exempleado de Servinabar, Vicente Fernández, investigado ahora por una presunta trama corrupta junto a Leire Díez, la fontanera del PSOE, y Antxon Alonso, dueño de Servinabar y supuesto socio de Cerdán.
A María Chivite no le gusta recordar actuaciones erróneas del pasado, aunque sean muy recientes. “Con nuevas noticias no se pueden juzgar opiniones del pasado porque no sería justo”, replicó cuando le recordaban las del nuevo portavoz y vicepresidente. El problema no es ese, es que la mesura hay que mantenerla en todos los ámbitos y situaciones, más siendo un cargo público.
La “política” ha movido a la presidenta a crear esta crisis de Gobierno. Por el bien de todos esperemos que acierte en su argumentario: “La política es necesaria, la democracia es imprescindible y el enfoque no puede ser otro que el de la política como herramienta para mejorar al conjunto de la sociedad y no a una elite de privilegiados”. La gran duda es quiénes son los privilegiados.