Opinión
Maristas, suma y sigue

Actualizado el 05/01/2026 a las 23:55
En septiembre de 2006, pronto se van a cumplir veinte años, en plena burbuja inmobiliaria, este periódico anunciaba la noticia de que un grupo hotelero había comprado el edificio de Maristas de Pamplona para transformarlo en un establecimiento de lujo con 200 habitaciones. Se trataba de un colegio inaugurado en el año 1960, por lo que tan solo tenía 46 cursos de vida en su haber, estaba en perfectas condiciones y podía haber seguido siendo utilizado para el uso para el que fue concebido durante muchos años más, como sucede con los edificios de Carmelitas, Jesuitas o el Instituto Plaza de la Cruz, próximos a él, más antiguos que este y que a día de hoy siguen funcionando a plena satisfacción. Entonces se dijo que ese edificio estaba catalogado, porque era obra del arquitecto Víctor Eusa, lo que obligaba a los nuevos propietarios a mantener intacta su fachada y algunos otros elementos. Un año después, en 2007, el Ayuntamiento de Pamplona aprobó el Plan Especial de Reforma Interior (PERI) de los Ensanches, en el que esa manzana del colegio de los Maristas fue seleccionada como un área de reforma y se establecía que su futuro estaba limitado por el hecho de llevar la firma de Eusa, algo que impedía su transformación y únicamente permitía una “reconversión funcional”.
Según los autores del PERI, en ese edificio de Maristas, “dada la unidad arquitectónica y volumétrica del edificio”, no cabía plantear una propuesta mixta que conciliase el interés público con el privado. Desde entonces en esta ciudad ha habido cuatro alcaldes y cinco corporaciones municipales y fruto de la gestión de todos ellos ha sido la evolución que ha tenido el expediente de Maristas hasta llegar al estado en el que se encuentra a día de hoy, con dos edificios de viviendas construidos en el patio del colegio, aquel que anunciaron a bombo y platillo que se iba a convertir en una plaza pública para disfrute de los vecinos de la zona, y la demolición del interior del colegio, que se ha iniciado hace unas semanas, donde parece que van a convivir un Centro Cívico del Ayuntamiento con viviendas privadas; es decir, se va a conciliar el interés público con el privado. No sé si en su día fuimos engañados, pero el hecho es que si en ese edificio “catalogado” había que “mantener intacta la fachada y algunos otros elementos” no se explica que hayan destrozado la puerta principal de forja, situada en la esquina de las calles Sangüesa con Tafalla. Para “protegerla”, lo prudente hubiese sido retirarla intacta antes de empezar a demoler el interior para volverla a colocar una vez finalizada la obra de rehabilitación del edificio. Ya comprendo que esto que digo es peccata minuta en todo ese despropósito en el que ha degenerado el expediente de Maristas. Un suma y sigue que veremos como acaba.
José Ignacio Palacios Zuasti