Opinión
"Aunque apenas nos hemos visto media docena de veces en los últimos 25 años, la llamada de Nochevieja nos reconecta con los que nos unió en aquellos años de aula y risas"
Todos los 31 de diciembre, al otro lado del teléfono, la voz que sólo escucho una vez al año. Amigo de la universidad a 712 kilómetros de distancia


Publicado el 31/12/2025 a las 05:00
De entre las muchas formas que existen de calibrar el tiempo, una de las unidades de medida que más me gusta es contar en Nocheviejas. Hace cinco de, han pasado once de cuando, en la de 2010 hicimos... es un agarradero mental con el que reactivar la memoria y comprobar el paso de los años. De testar cómo cambian las circunstancias vitales de cada cual. Pero, en mi caso, hay una constante que se repite desde hace algo más de media vida y que me trae mucha paz mental: una llamada.
El inicio, como todos, fueron las Nocheviejas de infancia en casa de mi madre; banquete opíparo y envidia insana al ver disfrazarse a mis hermanos mayores para salir de fiesta. Y aunque años después llegaría mi turno, ahora no puedo evitar añorar el tiempo en el que me quedaba a ver el especial de música de La 1. Porque allí estaba mi abuela, claro. Las Nocheviejas pasaron luego a Pamplona y a la casa de la tía más especial que la vida puso en nuestro camino. Risas. Griterío. Nuevos platos. Uvas. Champán. Amor. Cuánto las echamos de menos. A ella y a sus noches. Y la última evolución las trajo a casa, donde ahora somos nosotros los que recibimos a los que más queremos.
Pero el ritual siempre fue el mismo: una vez finalizadas las campanadas y hablado con los hermanos con los que no se comparte mesa esa noche, llega la llamada. Recibida o enviada. Sin acuerdo previo. Al otro lado, la voz que sólo escucho una vez al año. Amigo de la universidad a 712 kilómetros de distancia. Y aunque apenas nos hemos visto en persona media docena de veces en los últimos 25 años, esa llamada nos pone al día y nos reconecta con los que nos unió en aquellos años de aulas y risas.
Es media hora, 45 minutos, congelados cada uno en su calle, con los fuegos artificiales de fondo, compartiendo nuestros éxitos, nuestros dolores por los que se fueron, los logros de quienes han llegado o las metas que están por venir. Sólo que el pasado 1 de enero de 2025, por primera vez, el móvil se quedó mudo. Quizá había mucha carga pesada que transmitir. Y daba pereza. No lo sé. Pero ya no hay excusa. Rubén, esta Nochevieja me toca llamar a mí.