Editorial
El hambre persiste en Gaza
A pesar del alto al fuego declarado en octubre, los gazatíes afrontan riesgos severos de hambruna y desnutrición

Publicado el 29/12/2025 a las 05:00
Gaza no ha salido aún del estado de emergencia alimentaria, a pesar de que la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC) haya suspendido la declaración de estado de hambruna que había declarado en agosto para el territorio. La IPC es un sistema global para clasificar la gravedad de la inseguridad alimentaria y la malnutrición aguda en países. Fue inicialmente diseñada por la ONU en 2004 para la crisis de Somalia. Actualmente es considerado un referente para alertar sobre estas situaciones y guiar la respuesta humanitaria.
En el caso palestino, a pesar de que tras el alto el fuego declarado el 10 de octubre comenzó a llegar ayuda a la región, la IPC ha advertido de que la situación sigue siendo preocupante. Si bien se ha conseguido rebajar la extrema gravedad que venía viviéndose desde verano, los datos muestran una precariedad demoledora, especialmente en diversos enclaves del territorio -como la propia Gaza-: 500.000 personas siguen en estado de emergencia alimentaria, más de 100.000 soportan condiciones catastróficas, 101.000 niños de entre seis meses y cinco años sufrirán desnutrición aguda hasta mediados de octubre de 2026, 37.000 mujeres embarazadas y lactantes necesitarán apoyo nutritivo urgente.
La mayoría de los alimentos disponibles son pan y alimentos procesados con alto contenido en azúcar y sal. Lo peor es que esta maltrecha situación podría fácilmente deslizarse nuevamente hacia la gravedad extrema. Según la IPC, una nueva suspensión de la ayuda dejaría a la Franja entera en riesgo de hambruna para abril de 2026.
Por su parte, Save the Children destaca que el 77 % de la población gazatí se enfrentará a niveles catastróficos de hambre en 2026, incluidos unos 800.000 niños. La ausencia de productos esenciales como los lácteos, los huevos, la carne, el pescado y las frutas y verduras frescas agrava los riesgos de desnutrición de los niños. Todas estas circunstancias nos recuerdan que las secuelas de las guerras se extienden a las próximas generaciones y a la humanidad en su conjunto. Trabajar para su final nos apela a todos.