Editorial

Noche sin paz

Las guerras en Oriente Medio, Europa y África son la cruda expresión de la escalada bélica que amenaza al mundo en el primer cuarto del siglo XXI

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Editorial DN

Publicado el 25/12/2025 a las 05:00

Esta noche la paz seguirá siendo una ilusión en demasiados territorios repartidos por el planeta. Cuando millones de hogares celebren desde hoy la Navidad, las guerras que persisten en Oriente Medio, África y en el mismo corazón de Europa recordarán con crudeza la incapacidad de la humanidad para aprender de los conflictos que desangraron hace no tantos años la antigua Yugoslavia, Ruanda o distintos países de Asia Occidental. 

Son fechas para el festejo, la convivencia y la solidaridad, pero el sufrimiento será imposible de borrar en muchos lugares: Gaza, con miles de palestinos muertos por el asedio del Ejército israelí; Ucrania, que afronta su cuarto invierno de penurias por la invasión rusa; o Nigeria, golpeada por grupos terroristas sin escrúpulos que usan a niños en su cruzada de hostilidades. 

Las caras visibles del horror causado por la sinrazón constituyen la cruel culminación de la escalada bélica que registra Occidente y que amenaza con una desestabilización del orden mundial sin precedentes en décadas. Un peligro que se produce cuando el mundo está a punto de cruzar el umbral del primer cuarto del siglo XXI y parecía que podía dejar atrás, y enterradas, las páginas más terribles de su historia reciente. 

En vez de concentrarse en explotar todos los recursos que tienen a su alcance para consolidar el progreso y afrontar los retos con mayores garantías, los principales países se han embarcado en una espiral que ha encendido todas las alertas. No sólo por su indisimulado rearme y por la beligerancia que impregna el creciente número de crisis internacionales, sino por un revelador recorte de gastos que antes redundaban en un Estado del Bienestar más sólido y capaz. 

Con el año 2026 a la vuelta de la esquina, el mundo se adentra en una etapa de incertidumbres y riesgos, acrecentados por los síntomas de retroceso económico, el extremismo ideológico y la ruptura del multilateralismo como arma de relación eficaz entre diferentes. 2025 se despide con nuevas amenazas. Para Europa, por las ansias expansionistas de Putin. Para los países próximos a Estados Unidos, por el afán intervencionista de Trump, con su Armada desplegada en aguas del Caribe. 

Por su experiencia, deberían ser los países europeos los que pusieran la nota de esperanza que se reclama en fechas navideñas para frenar la deriva mundial, aprovechando su capacidad para renacer tras sufrir las crisis más severas, sean económicas o bélicas, y retomar la senda de la concordia.

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