Opinión

"La estrella nos guía hacia el pequeño, el frágil, el perseguido y el pobre, el niño que se aparece de pronto, y ante el que nos arrodillamos esta noche"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 24/12/2025 a las 11:31

Envuelto entre los lazos de la Navidad, la prisa y las luces, de pronto se aparece un niño, un niño perdido entre la gente y el ruido, uno que está fuera del tiempo y del espacio. Un niño viene a nacer en el frío de la noche, que es la intemperie a la que fuimos arrojados, y se aparece en un portal entre los animales ajenos a la urgencia de los padres. Llora en brazos de una madre niña y sobre una cuna que es un pesebrillo, desnudo entre la paja y las estrellas en esa inquietud a la que llamamos Nochebuena. Un niño entre la indiferencia, las bombas, los ataúdes y los enemigos de la vida que ya lo buscan para matarlo, para que no viva. 

Somos, como él, criaturas frágiles que necesitan, para sobrevivir, a su padre y a su madre, tan lejos de la independencia de los todopoderosos, la libertad mal entendida, de la capacidad ansiada hasta la locura de hacer lo que a uno le venga en gana. Somos la voluntad de aceptar lo que tenemos y de amarlo, porque esta noche no hay elección, no hay sitio en la posada y nadie cede el asiento a María embarazada.

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Podría haber nacido en el palacio suntuoso de un rey, una morada de oro y de nácar. Podría haberse aparecido en una nave en mitad de la noche. Podría haber elegido encarnarse en un ser indestructible que bebe del poder de la fuerza, pero el espacio que acepta es aquel en el que vibra la naturaleza del hombre y su corazón humilde, pequeño y sucio como el portal. De un lado, lo limitan muchos condicionantes: dos padres asustados, el temor del que viaja, y una vida con fecha de caducidad, pues la sagrada cuna está hecha de la misma madera que la cruz del Gólgota. Los Reyes ya traen la mirra de embalsamar, que es el sufrimiento al que Dios se arroja voluntariamente para venir a nuestro encuentro. 

De otra parte, anida en él el anhelo infinito del amor y la entrega sin medida, sin final y sin escala conocida. La estrella nos guía hacia el pequeño, el frágil, el perseguido y el pobre, el niño que se aparece de pronto, y ante el que nos arrodillamos esta noche en señal de amor y reverencia. Que no se olvide. Feliz Navidad a todos.

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