Oxígeno para la automoción
La Comisión Europea flexibilizará los requisitos de descarbonización en el ámbito del motor para impulsar la industria comunitaria frente a potencias como China

Actualizado el 20/12/2025 a las 11:43
La Comisión Europea ha dado marcha atrás en una de sus propuestas estrella en materia de descarbonización. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha presentado una batería de medidas para apoyar a la industria del motor, que permitirá a ésta seguir produciendo vehículos que emitan CO2 a partir de 2035.
La prohibición de los motores de combustión ha sido uno de los pilares de la legislación climática del Pacto Verde Europeo, uno de los hitos de la anterior legislatura. Si en 2021 la presidenta había anunciado con orgullo la prohibición de producir vehículos propulsados por gasolina o diésel dentro de diez años, ahora sí lo permitirá bajo determinados requisitos.
El actual cambio de planes respecto de la industria del automóvil responde a una demanda recurrente en los últimos años y defendida especialmente por Estados miembros como Alemania e Italia -con mucho peso en la industria comunitaria- y compañías líderes como Mercedes-Benz, Volkswagen o BMW.
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La prohibición había sido largamente criticada y el sector lleva años presionando para lograr su flexibilización. La última palabra la tendrán el Consejo de la Unión y el Parlamento Europeo. De momento, la medida cuenta con el rechazo de los gobiernos de Francia y España. El Gobierno de Sánchez aboga por seguir con el plan de descarbonización y el consiguiente impulso del vehículo electrificado como opción favorita en el mercado único.
Siendo la aspiración deseable, no debe olvidarse que este cambio de rumbo es en realidad la respuesta a la necesidad de asegurar la competitividad global de la industria europea del automóvil, que ha perdido impulso en los últimos años frente a grandes potencias como China. En un contexto en el que la velocidad en que la tecnología y la geopolítica están remodelando la movilidad hasta el punto de comprometer la habilidad de Europa para seguir a la vanguardia de la industria, los Estados miembros deberán ajustar sus prioridades para el futuro: sin industria, no habrá poder de negociación para imponer una estrategia climática a los demás.