El Rincón

Un gobierno tan alicaído como una Navidad sin villancicos

"Tenemos un Gobierno gestor, sí, pero sin ambición para plantear las reformas de calado que necesita Navarra, de la Sanidad a la Vivienda o la atracción de talento"

La presidenta María Chivite y Ainhoa Unzu (PSN) miran al portavoz de UPN Javier Esparza durante el pleno de presupuestos.
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La presidenta María Chivite y Ainhoa Unzu (PSN) miran al portavoz de UPN Javier Esparza durante el pleno de presupuestos.J.C.CORDOVILLA
La presidenta María Chivite y Ainhoa Unzu (PSN) miran al portavoz de UPN Javier Esparza durante el pleno de presupuestos.

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Miguel Ángel Riezu

Actualizado el 22/12/2025 a las 08:42

El año político se ha cerrado esta semana en Navarra con la aprobación de los Presupuestos para 2026. Un hito relevante que muestra que la maquinaria administrativa va a seguir funcionando. Y un hito que ha permitido a la presidenta María Chivite presumir de la estabilidad política que supone para Navarra en un intento de dar normalidad a un año que lo ha sido todo menos normal. Eso de fiar los logros a tener presupuestos este ejercicio es como echarse un órdago sin cartas. O como no querer ver al elefante que está en la habitación. Porque cabalgamos por un año marcado por el escándalo Cerdán, una investigación del Supremo sobre presunta corrupción política protagonizada por el hombre fuerte del PSN en Navarra y de la que van surgiendo nuevas ramificaciones que siguen creciendo. Un estallido que ha reventado la Legislatura. 

Signo de estabilidad. Así que sí, aprobar los presupuestos es un signo evidente de estabilidad política. EH Bildu, con su abstención, salva de nuevo la minoría en la que se encuentra el Ejecutivo de María Chivite del PSN, Geroa Bai y Contigo. Y se cobra su precio por ello. Por supuesto. No sólo vía enmiendas y dinero para sus ayuntamientos y entidades cercanas, que también y cada vez con menos disimulo. Pero sobre todo construyendo complicidades políticas más profundas, como la que llevó a desalojar a la regionalista Cristina Ibarrola de la alcaldía de Pamplona para dársela a Joseba Asiron. En cualquier caso, los presupuestos se pueden analizar desde una doble mirada. Por un lado, constituyen el libro guía para gestionar la Administración foral en su día a día. Que no es poca cosa. Nada más y nada menos que 6.300 millones de gasto y una enorme maquinaria administrativa compuesta ya por 30.000 funcionarios y empleados. Una hoja de ruta que, al menos, está actualizada para el año que viene. Permite poner al día salarios y que los servicios públicos sigan funcionando, que es vital. Pero los presupuestos son más que eso. Son la expresión de las prioridades y del proyecto político de los partidos que los promueven. Donde debe volcarse el esfuerzo para hacer realidad las promesas y para atender las necesidades de la ciudadanía. Ahí es donde la satisfacción de los socios de Gobierno debiera quedar mucho más matizada a poco que pisen la calle. 

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La encuesta y lo que dice. El gasto de los Presupuestos crece cada año de forma muy notable. El crecimiento en general de la economía navarra y la española, y un alto nivel de impuestos, han permitido al Gobierno foral ingresar cada año más vía impuestos. Sin embargo, no es evidente que ese mayor volumen de gasto público se corresponda con una mejora medible en los servicios que reciben los ciudadanos. Y en atender sus grandes problemas. ¿Y cuáles son? Pues el mismo Gobierno acaba de publicar una encuesta que los revela, por si alguien tuviera dudas. Y no hay sorpresas. La situación de la sanidad pública, el acceso a la vivienda o el paro son los grandes problemas colectivos. Y se añade, justo por detrás, el de la seguridad. Una señal de que la percepción de la calle sobre este tema se mueve a peor. Quizás por eso en el apartado de las valoraciones, los cuerpos y fuerzas de seguridad (primero la Policía foral, luego la Policía Nacional y la Guardia Civil) están en cabeza. 

También es evidente que la gestión de la Sanidad pública, aunque crezcan los recursos, no ha mejorado. Las listas de espera, que constituyen la piedra de toque del sistema, siguen disparadas dos años después de iniciada la Legislatura. El Gobierno es consciente de que el tiempo se le acaba porque vamos ya de cabeza hacia las elecciones. Sean en 2026 o 2027. Que los logros de su gestión no arrancan. En cambio, la tinta del calamar de la corrupción (presunta) lo ennegrece todo. Y todo indica que seguirá ofreciendo novedades en los próximos meses. Por eso, tenemos un Gobierno gestor, sí, pero sin ambición para plantear las reformas de calado que necesita Navarra, de la Sanidad a la Vivienda o la atracción de talento. Atado a un socio (EH Bildu) que, aunque quisiera, no le va a dejar hacer. Añádase un clima general de desconfianza ciudadana por la corrupción, que ha hundido la credibilidad del Ejecutivo, y nos encontramos con un Gobierno tan alicaído como una Navidad sin villancicos. Navarra levanta la ventanilla todos los días, pero no se ve un proyecto ilusionante detrás.

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