"Que la gente no haga caso a lo que él quiere le enfada como un chiquillo"
"Sobre mi Españita de belenes y riders que cruzan la ciudad empapados por la lluvia en bicicletas y patinetes envueltos en celofán quedó flotando como una hoja del otoño el abono transporte de Sánchez"

Actualizado el 17/12/2025 a las 10:41
En la cabeza de Pedro Sánchez los españoles deberían aclamarlo por haber presentado un abono de transporte de sesenta euros para subir en trenes de media y corta distancia y otras diligencias que lleven a uno en tres horas y media de Trebujena a Matalascañas, y, por tanto, no fijarse en la corrupción que lo rodea. Que la gente no haga caso a lo que él quiere le enfada como un chiquillo.
Sobre mi Españita de belenes y riders que cruzan la ciudad empapados por la lluvia en bicicletas y patinetes envueltos en celofán quedó flotando como una hoja del otoño el abono transporte de Sánchez al que no le hacemos suficiente caso y andamos con las leires, los hidrocarburos, los pacosalazares, los servinabares y las relaciones de Zapatero y sus hijas con la Sepi y Venezuela. Recuerdo una chirigota de San Fernando en la que dos tipos iban de las hijas de Zapatero de negro, con la cara pintada de blanco, botones y pinta de góticas y cantaban: “Mi padre es de izquierdas; yo soy siniestra”.
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Ando por Roma, agotado de arrastrarme sobre sus adoquines casi de la Cuesta de Santo Domingo, esquivando bicicletas, turistas con paloselfie, escotes hinchados como la goma de una zodiac y labios que llaman ‘de rusa’. En Piazza Navona toreo el aire con el abrigo porque allí se hacían corridas de toros, recuerdo, hace siglos. Todo el mundo anda por Roma como carajotes con el móvil en la mano capturando a cada paso imágenes con las que creen apropiarse de la realidad de las cosas. Las fotos -siete imágenes repetidas de cada escena que se retratan-, pasan automáticamente a dormir el sueño de los justos de su galería de fotos almacenada en una estación de datos a doscientos metros de profundidad bajo una montaña de Denver. Nunca más volverán a mirarlas. Su memoria se esfuma automáticamente cuando pulsan el botón, que ellos creen equivale a recordar, y su vida se disuelve en una interminable salchicha de ceros y de unos.
En la Piazza Navona, donde toreo mi toro imaginario, han montado unos puestos de belenes que parece que los va a ametrallar un terrorista de alguna yihad. Allí construyó el tiránico emperador Domiciano un estadio para carreras de cuadrigas, y la gente nada más quería que lo derrocaran por salvaje y por malo, como a Sánchez con el abono de transportes.