Europa, bajo la órbita estratégica de Estados Unidos
"El riesgo geopolítico irá en aumento si EE UU negocia con Rusia sus relaciones, ya que podría dejar a algunos aliados europeos más expuestos"

Actualizado el 16/12/2025 a las 10:02
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional que acaba de publicar el Gobierno de Donald Trump el pasado 5 de diciembre, eleva su doctrina de América First y establece un reajuste de la política exterior estadounidense por parte del gobierno, que va desde la redistribución de recursos militares en el hemisferio occidental, hasta la adopción de una postura de confrontación sin precedentes hacia Europa. La Estrategia de S.N. se centra en la llamada de Trump a un reajuste de la presencia militar estadounidense en el hemisferio occidental para confrontar la inmigración, el narcotráfico y lo que describe como el auge de potencias adversarias en la región. La sección “C” de la Estrategia, dedicada a Europa, implica una escalada más drástica, y advierte que las naciones europeas se enfrentan a un “declive económico” que podría verse eclipsado por la perspectiva real y más cruda de la desaparición de la civilización.
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Sin tiempo para poder analizar el documento por parte de los gobiernos europeos, el comisario de defensa de la UE, el lituano Andrius Kubilius, señala y puntualiza: “La estrategia es una evidencia clara y da abundantes argumentos de por qué Europa necesita construir rápidamente su propia independencia de defensa y su propia independencia geopolítica ”. Y recalca ¿queremos ser vasallos? o ¿un continente libre que busca sus propios intereses?. La Estrategia señala que los funcionarios estadounidenses se han acostumbrado a considerar los problemas europeos en términos de gasto militar insuficiente y estancamiento económico. Si bien es cierto, los problemas de Europa son aún más profundos y descubre al viejo continente como un bloque en declive, advirtiendo como ya he citado sobre un “borrado civilizatorio” si continúa las tendencias demográficas, migratorias y políticas negativas. La baja tasa de natalidad, regulación excesiva, pérdida de identidad nacional, polarización política y restricciones a la libertad de expresión, también se citan como críticas negativas a la UE y a otros organismos supranacionales por socavar la soberanía de los Estados miembros, a la vez que se recuerda que EE.UU. mantiene un interés estratégico en países con valor histórico y cultural, como Reino Unido e Irlanda.
La Estrategia promueve fomentar la resistencia interna en países europeos, frente a lo que EE UU percibe como una deriva negativa. Sugiere apoyo a partidos patrióticos o nacionalistas mediante intercambios culturales, económicos y educativos. EE UU da prioridad a su hemisferio occidental y espera que Europa asuma más responsabilidad en su defensa (burden-shifting), a la vez que permitir que Europa se mantenga por sí misma y opere como un grupo de naciones soberanas alineadas, incluso asumiendo la responsabilidad principal de su propia defensa, sin estar dominada por ninguna potencia adversaria. A largo plazo, es más que plausible que, como máximo en unas décadas, algunos miembros de la OTAN pasen a ser mayoritariamente no europeos. Por lo tanto, es incierto si percibirán su lugar en el mundo, o su alianza con EE UU, de la misma manera que quienes firmaron la Carta de la OTAN. En cuanto a la relación con Rusia y Ucrania, se menciona el interés de restablecer la estabilidad estratégica con Rusia, lo que podría implicar un enfriamiento en la presión militar sobre Moscú. Europa podría quedar más expuesta si no fortalece sus capacidades de defensa propias. Como conclusiones e implicaciones posibles, se observa que la Estrategia de Seguridad Nacional intenta meter una mayor presión para que Europa se defienda sola y además podría acelerar el impulso de muchos Estados europeos para aumentar su gasto militar y fortalecer sus industrias de defensa, ya que se espera que asuman más responsabilidad.
Al fomentar partidos nacionalistas/patrióticos, EE UU podría estar influyendo en dinámicas políticas internas en países europeos, lo que podría debilitar aún más la integración europea. Además se va a percibir desconfianza y distanciamiento estratégico, ya que algunos países europeos podrían percibir la Estrategia como una señal de que EE UU ya no es un garante tan firme de la defensa del continente como antes, lo que puede incentivar aún más las iniciativas de “ autonomía estratégica” de la UE. La industria europea de armamento puede verse beneficiada, las inversiones planteadas por proyectos como Readiness 2030 (o ReArm) podrían fortalecer la industria de defensa europea, reducir dependencia externa y aumentar la capacidad de producción local. Finalmente, señalar que el riesgo geopolítico irá en aumento si EE UU negocia con Rusia sus relaciones, ya que podría dejar a algunos aliados europeos más expuestos, especialmente, si no logran desplegar a tiempo capacidades propias secretas o disuasorias.
Ahora, conviene citar al vicepresidente JD Vance cuando dijo en la Conferencia de Seguridad de Munich: “Lo que más me preocupa respecto a Europa no es Rusia, no es China, no es ningún actor externo… lo que me preocupa es la amenaza desde dentro, el retroceso de Europa respecto a alguno de sus valores más fundamentales compartidos con los Estados Unidos de América”.
Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional