"Supe de las andanzas de Jorge Martínez, el ilegal con cara de loco peligroso que cantaba “Eh, tú que me miras, ¿es que quieres servirme de comida?”

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 14/12/2025 a las 05:00

Corría el año en que se estrenó Terminator cuando uno regresó a España con la cabeza llena de música de los sesenta y setenta. Las décadas prodigiosas de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Eric Clapton, Led Zeppelin, Pink Floyd, o Jethro Tull. El rock y el blues anglosajón habían dado lo mejor. Ignorábamos que llegaba una larga cuesta abajo -con algunas excepciones-, hasta el imperio del hastío del reguetón. 

Recién llegado a Pamplona, un buen amigo me preguntó: “¿Pero no sabes qué se está haciendo aquí?” Y me arrastró hasta Chaston, la mítica tienda de discos de la época. Eligió varios vinilos y me coloqué los auriculares. Entre la baraja de discos, sólo recuerdo uno en cuya carátula un hombre encorbatado y con gesto de tribulación apoyaba un revólver en su sien. Era una fotografía de Ouka Leele, que ilustraba un disco del grupo Ilegales. 

Escuché: ritmo de metrónomo seco, líneas de bajo potentes, una guitarra que sonaba como un grito zulú. Me llamó la atención la voz rasposa del vocalista que cantaba “Tiempos nuevos, tiempos salvajes.” Lo compré junto a un maxisingle (vaya palabra del pleistoceno), con un tema que me cautivó, “Europa ha muerto”, cuya letra resultó profética: “No hay muro en Berlín, ¡no!; no hay rusos en el Kremlin, ¡no!; No hay punkis en Londres…” En tres años, todo había cambiado en España. 

Supe de las andanzas de Jorge Martínez, el ilegal con cara de loco peligroso que cantaba “Eh, tú que me miras, ¿es que quieres servirme de comida?”, y otras letras que hoy lo hubieran llevado ante un juez de guardia. Seguí desde la distancia su evolución, y este verano asistí a la que sería su última gira. Allí estaba: alto, con rostro de Nosferatu, erguido bajo los focos. 

El público lo formábamos gente con cabezas grises o calvas brillantes. Había sido un broncas -le partió la cara al cantante de Gabinete Caligari-, y un borrachuzo impenitente. Se quejaba del bajo nivel de los guitarristas de rock de su generación. Salvo alguna honrosa excepción, no le faltaba razón. Supimos esta semana que lo fulminó un cáncer de páncreas. Vaya mesecito llevamos, Jorge, vaya mesecito. Y él respondería: “Mira, chaval, si la muerte me mira de frente, yo me pongo de lao.”

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