Del fuego amigo a la voladura controlada

El Gobierno de Sánchez implosiona ante la ola de detenciones, registros y citas autonómicas con las urnas, que se unen al escándalo de acoso sexual en las filas del PSOE y su incapacidad de legislar

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Editorial DN

Publicado el 13/12/2025 a las 05:00

La concatenación de sucesos de las últimas horas en torno al Partido Socialista Obrero Español se percibe desde buena parte de la ciudadanía como el principio del fin del sanchismo, una etapa política en la que la difuminación de cualquier línea roja moral para seguir en el poder se convirtió en la brújula política para el presidente del país. Salvando las distancias de altura institucional que ostentaba uno y de la que carece el otro, la situación recuerda inevitablemente a los estertores del último Gobierno de Felipe González. Y si entonces fueron los escándalos de corrupción, el caso Filesa, la fuga de Roldán, el terror de los GAL o el descrédito político los que se desalojaron de Moncloa al socialismo, en esta ocasión la intolerable actitud machista en el seno del PSOE parece ser la que terminará por dinamitar al Gobierno. 

Ni el acreditado malabarismo de Pedro Sánchez, acostumbrado a vivir en el alambre desde hace dos años, parece suficiente para sortear el carrusel de los últimos días de detenciones, registros, audios y revelaciones en los medios relacionados con la presunta trama de corrupción liderada por Ábalos, Cerdán, Koldo, Aldama y la fontanera Leire Díez. Y más con el complicado futuro judicial que se le plantea al círculo familiar íntimo del presidente. Pero si alguno albergaba aún resquicios de esperanza imbricados en el Manual de Resistencia de Sánchez, la explosión del 'Me Too' socialista ha puesto todo patas arriba. 

Ya no se trata de fuego amigo como podría pensarse con las primeras denuncias por acoso sexual en las filas del PSOE. Va más allá. La proliferación de nombres (cargos de la ejecutiva, alcaldes, senadores, diputados) asociados a conductas intolerables hacia las mujeres es el mayor daño que podría sufrir el sanchismo. Un torpedo en toda la línea de flotación. Porque un partido que hace bandera del feminismo ha sido retratado ocultando casos de abusos en su seno, episodios que se repiten y que dibujan una manera chusca de ostentar el poder dentro del PSOE. 

La vicepresidenta Yolanda Díaz ya marcó este viernes distancias de su socio de coalición con su duro mensaje: “No se puede seguir así. Se necesita un cambio profundo en el Gobierno”. Está por ver ahora si la voladura controlada va más allá del plano dialéctico en una fuerza, Sumar, que no puede permitirse el error de ser colaboradora necesaria del machismo tras su particular caso Errejón.

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