"El Observatorio de la Imagen del Monasterio de Igualdad ha gastado un dinerillo, pues sobraría, en un estudio sobre la necesidad de prohibir la palabra ‘Charo"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 10/12/2025 a las 05:00

El Observatorio de la Imagen del Monasterio de Igualdad ha gastado un dinerillo, pues sobraría, en un estudio sobre la necesidad de prohibir la palabra ‘Charo’ y promete monitorizar el uso del vocablo. Estamos aquí ante un estereotipo autocumplido en el que no hay manera mejor de definir el neblinoso y sin embargo certerísimo significado de Charo que una Charo vigilando en un ministerio que no la llamen así. La Charo es una versión de la actual Inquisición, igual que aquella solo que con mejor fama que Torquemada. El que diga Charo irá a la hoguera y lo pondrán en la picota como ejemplo de la violencia contra la mujer en las chochocharlas, que es un término que tampoco se puede usar, y aquí estamos. ¿Qué otra cosa es una chochocharla que un Taller de escultura de Vulvas Dialogantes (Sic.) que impartía con fondos de Ministerio de Asuntos Exteriores de lo que había sobrado de mis impuestos para sanidad y educación y que impartía un tipo que se llamaba de nombre de pila Obrayan?

Un Obrayan. Mi amigo Marco Pantoja llama a todas las mujeres Charo y a todos los hombres Paco. En su habla, va una Charo, dice, y va un Paco, porque todas las mujeres son en el fondo un tanto Charo y los hombres somos un poco Paco, sobre todo yo, que me llamo Francisco. Todos los estereotipos son injustos, pero sobre todo son verdad, y por eso se utilizan en el lenguaje de una manera clara y se entienden sin que necesiten de una gran explicación. 

A los niños no les imparten en clase de lenguaje que Charo es una mujer en cuyo punto de fuga hay tinte de pelo azul, resignificación del concepto tradicional de familia, un piropo a Pedro Sánchez y pegatinas en las solapas en defensa de Gaza, la sanidad pública y en contra de su destrucción a manos de la malvada Isabel Díaz Ayuso. También hay gatos cada uno con su propia personalidad y otras cosas, y eso lo sabe hasta la propia Charo que se ve reflejada en el cliché como el Cayetano lo está en el suyo. Nos encontramos, absortos, ante un problema de asimetría semántica, en la medida en la que si decimos Charo, tenemos a la parienta encerrada en la cocina, que metemos mano a la empleada del hogar y somos maltratadores potenciales, no digo ya varones blancos, heterosexuales, Cayetanos, machirulos, señoros, pollaviejas y fachas, que son términos que esta vez se pueden utilizar alegremente.

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