"Los vulnerables, a la intemperie. El colegio, desde el lunes, una pista de collejas para los débiles. Así hasta el viernes"

"En aquel mundo de cuatro cosas la sensibilidad no afinaba corcheas ni apreciaba los sonetos. Se resolvía a balonazos en los recreos"

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Jose Murugarren

Actualizado el 09/12/2025 a las 07:58

Lo llamaban raro. Para no serlo había que correr tras el balón y omitir hablar de música clásica o poesía. Disputar la pelota no era lo suyo y llevarlo a gala no ayuda cuando los palos de las porterías y unas cuantas canastas dibujan los confines del patio, el paraíso del colegio. En aquel mundo de cuatro cosas la sensibilidad no afinaba corcheas ni apreciaba los sonetos. Se resolvía a balonazos en los recreos. Él, lo llamaremos X, andaba por la vida en una burbuja. Disfrutaba en el Aula de Música. Cerraba los ojos escuchando a Bach y eso lo convertía automáticamente en sospechoso. Nada vincula a los brutos como unirse y perseguir al diferente. X recibía pellizcos en el culo, empujones en la fila… Era un mundo al revés. Los verdugos perseguían a sus anchas y a sus víctimas quedaba enfrentarse o huir. Había ojos pero no para denunciar si acaso para lamentar. Había maestros que veían en el ‘bullying’ una bobada de adolescentes. Ni protocolos antiacoso, ni alumnos que se echaran encima, ni comités para los frágiles. Los vulnerables, a la intemperie. El colegio, desde el lunes, una pista de collejas para los débiles. Así hasta el viernes. 

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En los procesos de memoria de tantas víctimas no estaría de más un territorio para resarcir a estos seres sufrientes, condenados por distintos, por sensibles. Los llamaban raros cuando todavía Carmen Martín Gaite ni soñaba con escribir que “lo raro es vivir”. Lo singular, lo anómalo es “que estemos aquí sentados, que hablemos y se nos oiga, poner una frase detrás de otra sin mirar ningún libro, que no nos duela nada, que lo que bebemos entre por el camino que es y sepa cuándo tiene que torcer”. “Lo raro es que nos alimente el aire y a otros ya no, que según el antojo de las vísceras nos den ganas de hacer una cosa o la contraria”. Qué pena no darnos cuenta entonces de que la vida es un instante entre dos eternidades. Y que la peculiaridad, la fragilidad, la diferencia forman parte de la hermosa circunstancia de vivir. Lo raro es estar aquí, leer este texto y otros muchos, poder hablar a favor o en contra, ver películas, mirar el amanecer, comer, salir, dormir, pasear, saltar, emocionarse y respetar al otro. ¡Somos todos tan raros!

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