Guiños de debilidad de Sánchez a Junts

Mientras el presidente prodiga nuevos gestos hacia los del fugado Puigdemont, el coste de la agonía, en términos de institucionalidad, se encarece para el país

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Editorial DN

Actualizado el 04/12/2025 a las 11:28

El presidente del Gobierno imprimió un giro a la línea argumental que venían siguiendo él mismo, sus ministros y el PSOE desde que Carles Puigdemont decidiera romper relaciones hace algo más de un mes y el destinatario del mensaje optara por minimizar el divorcio, insistiendo en que su Ejecutivo ha cumplido los compromisos que estaban en su mano y que trabaja para consumar los que dependen de terceros. 

En sendas y calculadas entrevistas en dos medios catalanes, Pedro Sánchez exhibió, al fin, no sólo que se da por enterado, sino lo imprescindible que resulta el apoyo de Junts para su sostén en La Moncloa al conceder a los soberanistas que no ha ejecutado todo lo prometido en el pacto de Bruselas para su investidura en 2023. 

Y no solo enmendó su discurso, anticipando varias medidas, lo hizo también con el del president de la Generalitat, Salvador Illa, al situar la verdadera “normalización” política de Cataluña el día en que Puigdemont pueda regresar, amnistiado, de su fuga a Waterloo.

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 Los todavía aliados de Sánchez reaccionaron con malestar ante sus nuevas concesiones a Junts. Pero lo realmente irritante, para el conjunto de la ciudadanía, es que desde el comienzo de este mandato impracticable los asuntos comunes se ventilen en un intercambio a dos bandas cuyas interioridades permanecen cifradas en las reuniones en Suiza. Sánchez se hizo cargo de las consecuencias de que las conversaciones con Junts “estén rotas”, pero no de en qué se traduce que haya perdido la tambaleante mayoría sobre la que cimentó su investidura. 

El empeño del presidente de llegar hasta 2027 implica soslayar la evidencia democrática de que carece de los apoyos precisos para poder sacar adelante su programa de actuación, por más que intente hacerse trampas en el solitario de la gobernabilidad; y de que esa asunción debería conducirle, cuando menos, a someterse a una cuestión de confianza. 

Junts se apresuró ayer a contestar que “estamos donde estábamos” y que mantienen su posición sobre el PSOE. Y mientras, el coste de la agonía, en términos de institucionalidad, se encarece.

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