Opinión
"Así, escapando de la memoria, eligiendo el olvido a propósito, hace Sánchez que no recuerda, como el boxeador que ha recibido demasiados golpes"

Actualizado el 02/12/2025 a las 23:44
Ha dicho Pedro Sánchez en una entrevista que “desde el punto de vista personal”, José Luis Ábalos era “un desconocido” para él. Sánchez está que no conoce. No conocía a Aldama, no conocía a Ábalos, Koldo era un asesor cualquiera y el Peugeot 408 era ese coche que pasaba por allí. Nada le turba, como a Santa Teresa, porque nada le consta.
La amnesia es una forma de defensa del ser humano ante el trauma, salvo si es fingida, pues entonces forma parte de la mentira. Es posible hacerse el amnésico como uno puede hacerse el sordo. Mi padre se libró de la mili en Infantería de Marina porque hacía como que no escuchaba cuando le llamaban. Yo mismo pensé que también era sordo la mayor parte de mi vida. El médico me dijo que escuchaba perfectamente, así que fui un sordo vocacional, uno autodeterminado. A ver si hay gente que se toma por un gato, por qué no voy a creer yo que estoy con una tapia, y no vengan aquí a contradecir mi identidad y, al fin, mis derechos.
Así, escapando de la memoria, eligiendo el olvido a propósito, hace Sánchez que no recuerda, como el boxeador que ha recibido demasiados golpes, como el tipo quemado por el trabajo en la consultora que un día en el semáforo no sabe cómo se llama. Como el jinete que ha caído del caballo, como un socialista en una comisión de investigación.
El pasado se extiende para el pedrismo en un continuo de risas, francachelas, derrapes en los párquines con neones, fiestas en hoteles, pitufeo y maldades varias que, para él, resultan insoportables como los recuerdos de una noche anterior en una mañana de sofá, remordimientos y resaca. No se acuerda, no le consta nada de lo que le pueda comprometer políticamente.
Es posible que termine asegurando en alguna entrevista que no conocía a su mujer, que es algo que le pasa a mucha gente, ni mucho menos a su suegro o a aquel artista que llamaban David Azagra, que compartía con él el aparcamiento de la caravana y el apellido Sánchez-Castejón. Luisito de la Pascua contaba el chiste de uno que le preguntaba a otro: “Yo te conozco de algo”. “Claro, soy tu hermano”, le replicaba, y el primero respondía: “Sí, pero de eso no es”.