"La mayoría de navarros, que no tendrán puente foral o no disponen de medios para permitírselo, ven el acueducto como una fantasía reservada a privilegiados"

Publicado el 29/11/2025 a las 05:00
Sostenía Bertrand Russell que lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar. Se refería al arte de tomar decisiones, pero sus palabras valen también para esta pausa prolongada entre noviembre y diciembre que llamamos puente foral.
Todo empezó con una alineación de devociones religiosas, de las que al principio solo el 8 de diciembre se celebraba con la pompa y el boato de las fiestas de guardar. Luego la efervescencia de lo local y sus orgullos vino a otorgar a los santos del 29 de noviembre y 3 de diciembre, los patronos Saturnino y Francisco Javier, un rango de oficialidad plena que antes rozaban pero sin alcanzar del todo. Y finalmente la Constitución completó el concentrado festivo con la guinda laica del día 6, que deja esa incitante zona del calendario saturada de fechas en rojo.
Luego cada cual añade un día de vacaciones por aquí, un moscoso por allí, y el puente queda listo. Para la gente trabajadora, un prometedor panorama pero a la vez un desafío demasiado exigente. Una maratón de celebraciones supuestamente destinadas al descanso que produce fatiga si uno la afronta con plena conciencia del compromiso identitario que representa un puente con el adjetivo 'foral'.
Porque pasar un puente normal, de los de fin de semana ampliado, en fin, se hace con gusto. Pero atravesar tamaño viaducto, obligados muchas veces a viajar a destinos de ensueño, aún con el recuerdo fresco del destino con encanto del verano, con la vista puesta en el Everest navideño, tal vez con niños, sin que las cuentas acaben de cuadrar, es algo que no compensa por mucho estímulo de foralidad que se le insufle.
Hay formas más sencillas de honrar al territorio y sus instituciones. La tiranía del ocio ha llenado nuestras vidas de deberes inasumibles allá donde antes había placeres tasados. La mayoría de navarros y navarras, que no tendrán puente foral o no disponen de medios para permitírselo, ven el acueducto como una fantasía reservada a privilegiados o a los más diestros en ingeniería de calendario.
Por algo será que nadie habla de «tomar un merecido puente» cuando en cambio todos juzgamos merecidas a las vacaciones ordinarias. Cruzar el puente o quemarlo, esa es la cuestión.