Cumbre del clima de Belém: luces y sombras
"El resultado final, como queda dicho, fue un acuerdo descafeinado, con una vaga declaración de intenciones hacia ambas peticiones. Y entretanto el planeta sigue calentándose"

Actualizado el 27/11/2025 a las 23:29
Del 10 al 21 de este mes de noviembre tuvo lugar en Belém (Brasil) la Cumbre anual del Clima de la ONU, COP 30, a la que asistieron, como es habitual, miles de representantes de las naciones integrantes de las Naciones Unidas, especialmente de los firmantes del Acuerdo de París de 2015, decenas de miles de personas interesadas, como directivos de empresas, colectivos ecologistas, enviados de numerosos medios de comunicación y también contrarios a estos eventos multitudinarios. Esta Cumbre ha tenido, por cierto, escasa cobertura en los informativos de nuestro país ocupados en asuntos más próximos y conflictivos. Y ello a pesar de que se trataba de uno de los problemas más importantes y urgentes que tiene planteada la Humanidad, como es la lucha contra el cambio climático y sus graves consecuencias. Como es sabido, en aquel acuerdo, los países se comprometieron a trabajar juntos para reducir emisiones “lo antes posible”, para limitar el calentamiento global a menos de 2ºC, preferiblemente de 1,5ºC, por encima de los niveles preindustriales.
Desde entonces, a pesar de las intenciones manifestadas por los países, las emisiones de gases contaminantes y la temperatura global no solo no han disminuido, sino que han ido creciendo, como manifiestan los sucesivos informes publicados por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU y otros organismos oficiales. Como muestra señalaré solo dos. El informe emitido por Copernicus, la Agencia Europea para el Cambio Climático, ha continuado en la línea de los dramáticos mensajes anteriores. Todos los datos de temperaturas globales muestran que 2024 ha sido el año más cálido desde que los registros comenzaron en 1850, confirmando que dicho año fue el primero en que la temperatura media global superó los niveles preindustriales por 1,6ºC. Todo indica que la Tierra se está calentando, con altos niveles de gases con efecto invernadero, metano y vapor de agua en la atmósfera. El siguiente informe que quiero mencionar ha sido emitido muy recientemente por la prestigiosa revista Lancet, especializada en materias de Sanidad y ha sido elaborado en colaboración con la Organización Mundial de la Salud y el University College de Londres. El mismo presenta un muy negativo balance, señalando que gravísimas amenazas alcanzan a toda la Tierra, como calor intenso, episodios extremos meteorológicos y fuegos incontrolados que matan a millones.
El informe indica que las muertes relacionadas con el calor han crecido un 63% desde los años 90, arrojando una media anual de 546.000. Cada año, 2,5 millones de muertes son atribuibles a la polución del aire producida por el continuo uso de combustibles fósiles. Por todo lo anterior, hay que hacer un llamamiento a los líderes mundiales para que den pasos decididos hacia la adopción de energías limpias que mejoren significativamente la salud de la población. De acuerdo con los datos más recientes, una disminución del uso de carbón, por ejemplo, habría evitado unas 160.000 muertes prematuras en los años 2010 a 2020. Volviendo a la Cumbre de Belém, en mi opinión hay que concluir que, una vez más, sus resultados han sido mediocres, con más sombras que luces, y ello a pesar de los apasionados llamamientos tanto del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, como del presidente del país anfitrión, Luis Ignacio Lula da Silva, quien, como es habitual, hizo el discurso inaugural. En el mismo pidió a los representantes de las naciones que se esforzasen para consensuar unas hojas de ruta- road maps- para ir eliminando el uso de combustibles fósiles, en lo que coincidió con Guterres. Sin embargo, aunque el texto inicial del acuerdo contenía algunas referencias a hojas de ruta, en el acuerdo final desaparecieron, tal como habían demandado los países cuya economía se basa en buena parte en los combustibles fósiles. Una vez más se repitió en la Cumbre la división entre los países más desarrollados, que pedían la adopción de hojas de ruta hacia la disminución de emisiones con el objetivo de cero emisiones en 2035, que fueran vinculantes para todos, y los menos favorecidos, que exigían triplicar el fondo para financiar medidas de adaptación al calentamiento global, hasta los 300 millones de dólares al año.
El resultado final, como queda dicho, fue un acuerdo descafeinado, con una vaga declaración de intenciones hacia ambas peticiones. Y entretanto el planeta sigue calentándose. A la vista de todo lo anterior, ¿seremos capaces todos, especialmente los gobernantes de los países y directivos de las principales compañías y organismos, de hacer caso a los cada vez más apremiantes llamamientos de los científicos del clima, que nos están diciendo que todavía es posible alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, pero que es preciso dejarse ya de bonitos discursos y pasar a la acción, de tal modo que leguemos a nuestros hijos y nietos un planeta con buena salud y agradable para vivir?
Jesús Mª Arlabán Mateos. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Economista