Opinión
"Sánchez nombró a Peramato con su fenomenal dedo dador de vida, y andan las de Sumar celebrando que al fin sea una mujer"

Actualizado el 26/11/2025 a las 08:16
El Supremo, que Dios lo confunda, cortó la cabeza de Alvarone García Ortiz que en su decapitación sanjuaniana tenía esos rizos vivísimos como de cuadro de Caravaggio, y le aplaudían las masas del charoceno en la plaza del domingo frente al Tribunal. Duró poco el acto porque en Madrid hacía un frío que parecía Tudela en enero, y el cuerpo del socialismo caviar de la tercera edad de la democracia ya no es el equipo de Al Filo de lo imposible, como es natural por el paso de los días y las legislaturas.
En sustitución del fiscal general del Gobierno han nombrado a una señora fiscal Peramato que tiene un nombre fantástico, casi de carrusel deportivo de los Ochenta, y por la banda del domingo de la memoria se adentran en el área Peramato y arbitra Cándido Conde-Pumpido, que no tiene un apellido, que tiene una zamba de Jorge Cafrune junto al fuego de La Pampa. En este país, si te apellidas Pérez y o Fernández, estás perdido: otra cosa es llamarse Peramato o Conde-Pumpido. Sánchez nombró a Peramato con su fenomenal dedo dador de vida, y andan las de Sumar celebrando que al fin sea una mujer. Se entiende que Consuelo Madrigal, María José Segarra y Dolores Delgado eran tres hombres, más o menos como Carmen Mola, y acaso escondieran dentro de sus cuerpos, al señor nostálgico que manoseó, desactivándolo, el pecho enhiesto de las Femen el otro día.
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Hay gente menos evidentemente sanchista que sofronizar desde Moncloa, gente a la que gritarle, cuando no entiende: “¿La Fiscalía? ¿Eh? ¿De quién depende? Pero Sánchez, que no teme encasillarse en el papel de colono de las instituciones, ha elegido a la cabecilla de la asociación de fiscales progresistas, que naturalmente es minoritaria y progubernamental: ¿Cómo va a ser progresista un fiscal? Se lo preguntan los patos del Retiro, convencidos de que es imposible que un fiscal no sea conservador, si se debieran dedicar a conservar el imperio de la Ley, por favor. Alvarone era progresista porque tenía ese rizo de Supermán y esa cosa de sacarte la guitarra para cantarte una de Los Pecos, que suspendieron aquel concierto en San Fermín y les gritaban que no tenían cola. Ahora Alvarone no tiene toga, aunque se lo arreglará Cándido Conde Pumpido, que no tiene un apellido, tiene la salida de los toros de la jarana por el callejón.