De la exportación al consumo: un cambio con implicaciones

"La lección para los próximos años es clara: invertir en productividad, capital humano y estrategia exterior"

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Amaya Erro

Actualizado el 24/11/2025 a las 11:29

Al escuchar hace unas semanas a Joseba Madariaga, catedrático de Finanzas y Economía de Deusto Business School, describir la coyuntura económica de Navarra en la cita anual que organiza Caja Laboral, no pude evitar pensar en cómo ha cambiado la situación en las últimas décadas. Hace más de 25 años que asistí por primera vez a este encuentro, y observo, con cierta sorpresa y preocupación, un cambio de patrón claro. Tradicionalmente, la Comunidad foral se ha caracterizado por su marcada vocación exportadora, donde la demanda externa -las exportaciones netas- actuaba como principal motor del crecimiento del PIB. Sin embargo, en los últimos tiempos la situación se ha invertido: hoy, el mayor dinamismo procede de la demanda interna. En las décadas posteriores a la incorporación de España a la Unión Europea, el comercio internacional experimentó un crecimiento continuado. Ya en los años 80 se desarrolló en Navarra un modelo económico para analizar el crecimiento de la región, el MOSTRAM, que permitía simular el impacto de una variable sobre el conjunto de la economía. En aquel contexto, las exportaciones eran el factor que más incidencia tenía para explicar el crecimiento económico. 

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Por un lado, el peso de la industria del automóvil y de otros sectores exportadores en Navarra hacían que el PIB navarro estuviera estrechamente ligado a la evolución económica de la eurozona, su principal destino comercial. Por otro, las políticas públicas de apoyo a la internacionalización y la evolución del tipo de cambio impulsaron aún la apertura de los mercados, especialmente los de nuestros socios europeos. En la actualidad, el panorama es diferente. En 2024 y 2025, el crecimiento de Navarra se ha apoyado principalmente en la demanda interna, especialmente en el consumo privado, que en 2024 registró tasas de crecimiento superiores al 3%, y superó incluso la media española. En menor medida, contribuyeron también la inversión y el gasto público. La demanda externa, por el contrario, se ha moderado, e incluso ha restado puntos al crecimiento del PIB, debido al crecimiento de las importaciones. Ya en 2024 diversos informes señalaban que la debilidad de la demanda europea y una inversión menos dinámica limitaban la aportación exterior al crecimiento regional, mientras que los servicios y el consumo interno sostenían la actividad económica. 

Aunque la industria exportadora continúa siendo relevante, su impulso está siendo superado por la solidez del gasto doméstico. Este cambio estructural merece una reflexión profunda. A nivel nacional, la demanda nacional también ha sido el principal motor de crecimiento del PIB: en el cuarto trimestre aportó 3,6 puntos al crecimiento interanual, mientras que la demanda externa restó o contribuyó mínimamente al crecimiento. En la práctica, eso significa que el consumo de los hogares, la inversión (sobre todo en bienes de equipo y construcción) y el gasto público han sido los pilares del crecimiento en el conjunto del país. Europa muestra un patrón similar. El crecimiento de la eurozona ha presentado una menor aportación del sector exterior y una mayor dependencia de la demanda interna. En Estados Unidos, el crecimiento de 2024 también estuvo respaldado por el consumo, la inversión y el gasto público, lo que confirma que muchas economías avanzadas están recurriendo al motor interno para mantener la actividad. En contraste, China mantuvo en 2024 un notable dinamismo en el que las exportaciones siguen jugando un papel muy importante. Que el crecimiento se apoye en la demanda interna tiene ventajas: favorece el empleo local y mejora la resiliencia frente a shocks externos. Sin embargo, este cambio plantea un desafío clave: mantener la competitividad exportadora. Una excesiva dependencia del consumo y del gasto público puede ocultar debilidades en productividad y competitividad que, a medio plazo, limitarían el crecimiento. Además, el crecimiento basado en la demanda interna puede presionar los precios y las condiciones laborales si la oferta no está acompañada de aumentos de productividad. 

En un contexto global donde China sigue compitiendo con fuerza en manufacturas y Estados Unidos acelera su inversión tecnológica, mantener y mejorar la orientación exportadora es fundamental para que Navarra mantenga salarios altos. En definitiva, el desplazamiento del motor económico—de las exportaciones netas hacia la demanda interna— ha sido útil para sostener el crecimiento en un ciclo marcado por la debilidad de la demanda europea. Navarra continúa siendo una de las regiones españolas con mayor peso exportador sobre el PIB, con la automoción como sector clave. No obstante, es fundamental que la economía no pierda su vocación exportadora. La demanda interna aporta estabilidad, pero la exportación sigue siendo clave para impulsar la productividad y la riqueza a largo plazo. La lección para los próximos años es clara: invertir en productividad, capital humano y estrategia exterior. Solo así podremos competir en un mundo que sigue muy dividido entre la orientación a consumo de la economía europea y la fuerza exportadora e inversora de potencias como China. 

Amaya Erro Garcés. Doctora en Economía. Premio Fin de Carrera Profesora de la Universidad Pública de Navarra. Tutora UNED Pamplona

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