"Era insomne, leal, le gustaba (mucho) el whisky. Merodeaba por los márgenes. A mediados de la última década, desapareció"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 16/11/2025 a las 05:00

El escritor madrileño Francisco J. Satué murió la semana pasada olvidado por casi todos a la edad de 64 años. Nos cruzábamos en la redacción de 'El Mundo' cuando cayó el Muro de Berlín. Mientras el periódico se abría pasos a codazos, Satué ocupó una pecera acristalada donde escribió “Historia del Comunismo”. Levantaba acta del último cadáver utópico para un coleccionable que se vendía con el diario. 

Había que verlo: chupa de cuero, boina calada a la manera militar, bandolera cruzada, botas, pantalones, bufanda. Todo tan negro como su bigote. Parecía un militante de la resistencia francesa. Había llegado al periódico desde la redacción desmantelada de 'Diario 16', donde siendo adolescente asombró a sus jefes con una vastísima cultura lectora, que le llevó a dirigir el suplemento cultural Disidencias. 

Intoxicado de lecturas, antes de cumplir los 30 ya era autor de tres novelas -'La pasión de los siniestros', 'El círculo infinito' y 'El desierto de los ojos'- enmarcado en lo que se denominó “nueva narrativa española”. Cuando en los noventa los editores buscaban autores jóvenes hasta en las ferreterías, él ya estaba de vuelta. ¿Sexo, drogas y rocanrol? A él le iban a contar… 

Publicó sus novelas, relatos, ensayos, crónicas, y hasta literatura juvenil, en Alfaguara, Espasa, Planeta, Cátedra… Adoraba el rock, el heavy metal, las motos -aunque no supiera conducir-, y sus referentes literarios eran, entre otros, Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Leonardo Sciascia, la Generación Beat, el expresionismo alemán, Dino Buzzati… En los noventa publicó las novelas 'La carne' y 'Piel de centauro' (donde, por cierto, rinde un homenaje a su entonces compinche de juergas, el traductor pamplonés Miguel Martínez-Lage). Publicó biografías de Alfonso Guerra, Vázquez Montalbán; crónicas de investigación periodística sobre la Transición. Era insomne, leal, le gustaba (mucho) el whisky. Merodeaba por los márgenes. A mediados de la última década, desapareció. Estaba muy enfermo. La noticia de su muerte apenas ha merecido una nota necrológica. Pero ahí queda su obra. La vida nos llevó por caminos bien distintos. Era feroz, era bueno. Era un amigo.

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