El eje invisible de la industrialización

"Los mandos intermedios desempeñan un papel clave en el tejido empresarial navarro"

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Joseba Pérez Trullós

Actualizado el 10/11/2025 a las 08:36

Los mandos intermedios desempeñan un papel clave en el tejido empresarial navarro, caracterizado por una fuerte presencia de pymes industriales, empresas familiares y cooperativas, además de importantes multinacionales de origen extranjero. En un momento en el que los cambios generacionales están a la orden del día y el crecimiento y la internacionalización de las empresas es el futuro, ¿somos conscientes de su verdadera relevancia? Quizás no lo suficiente, de hecho, actúan como ejes invisibles para la productividad de las organizaciones. La industrialización marcó un antes y un después en la historia económica y social del mundo. Supuso el paso de una producción artesanal, basada en el trabajo individual y manual, a un modelo mecanizado y en serie que requería una estructura organizativa completamente nueva. En este nuevo contexto surgieron figuras clave que, aunque muchas veces invisibles para el gran público, resultaron esenciales para mantener la maquinaria técnica y capacidades humanas en funcionamiento: los mandos intermedios. 

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Desde los albores de la Revolución Industrial las empresas comprendieron que no bastaba con tener máquinas más rápidas o procesos más eficientes, hacía falta también una gestión intermedia capaz de conectar la estrategia de la alta dirección con la ejecución en el terreno. De ese modo, los mandos intermedios se convirtieron en el auténtico motor de la coordinación, la disciplina productiva y la motivación laboral. Eran —y siguen siendo— el puente entre la planificación y la acción, entre la visión empresarial y la realidad operativa. Durante la industrialización, las empresas reunieron a miles de trabajadores bajo un mismo techo. Para mantener la actividad continua, garantizar la calidad y reducir errores, se hizo necesario crear una jerarquía intermedia que controlara, instruyera y orientara al personal operativo. Estos mandos intermedios no solo supervisaban el cumplimiento de tareas, sino que también gestionaban los conflictos, mantenían la moral de los equipos y aseguraban que los estándares técnicos se cumplieran con rigor. 

Con el avance de los procesos industriales y la llegada de nuevos paradigmas de gestión, el rol de los mandos intermedios ha evolucionado de forma notable. En el pasado, su papel era eminentemente controlador: asegurar que cada trabajador cumpliera con su tarea según los tiempos y estándares establecidos. Sin embargo, en la actualidad, las empresas demandan de ellos habilidades de liderazgo, inteligencia emocional, gestión del cambio y visión estratégica. La industrialización contemporánea —basada en la automatización, la digitalización y la producción inteligente— ha transformado el concepto de mando intermedio. Ya no basta con supervisar; ahora deben liderar equipos multidisciplinarios, adaptarse a la innovación tecnológica y promover la mejora continua. En ese sentido, el mando intermedio se convierte en una figura clave para la industrialización 4.0, donde la integración entre humanos, máquinas y datos exige una comunicación efectiva y una gestión empática. Han pasado varias décadas desde que fui promocionado a jefe de ingeniería de fabricación en la antigua TRW —hoy ZF—, y desde entonces he desarrollado mi carrera como director general en Navarra y otros países de Europa, así como en Estados Unidos, China y Sudáfrica. 

A lo largo de todas mis experiencias, tanto locales como internacionales, he comprobado que los mandos intermedios son la verdadera clave del éxito empresarial, así como de la satisfacción y el compromiso de los empleados con el proyecto. Invertir en el desarrollo de los mandos intermedios es invertir en la sostenibilidad industrial. Formarlos en liderazgo, comunicación efectiva, inteligencia emocional, gestión de conflictos, toma de decisiones, planificación y delegación no es un gasto, sino una estrategia a largo plazo que fortalece la estructura organizativa. Las empresas que promueven programas de capacitación para sus mandos intermedios logran equipos más cohesionados, procesos más eficientes y un clima laboral más saludable. Además, en un contexto de transformación industrial acelerada, donde la automatización amenaza con sustituir ciertas funciones humanas, los mandos intermedios se consolidan como el nexo esencial entre la tecnología y las personas.

 Su papel es interpretar los datos, guiar a los equipos en la adaptación al cambio y asegurar que la innovación se traduzca en valor real. Son los guardianes de la productividad y del bienestar humano en la era industrial moderna. La industrialización no puede entenderse únicamente como un proceso técnico, es también un fenómeno humano y organizativo. Las máquinas, por sí solas, no garantizan la eficiencia ni la calidad. Son los mandos intermedios quienes, con su liderazgo cercano, su capacidad de mediación y su visión práctica, dan vida al engranaje industrial. Ellos son el alma invisible de la industria, los traductores del cambio, los impulsores del rendimiento y los constructores de cultura. Por ello, hay que afirmar que invertir en mandos intermedios es invertir en la industrialización no es una frase retórica, sino una realidad comprobada. Sin su presencia activa las empresas navarras pierden cohesión, capacidad de adaptación y orientación estratégica en un momento clave para su desarrollo. Con ellos, en cambio, la industrialización se humaniza, se organiza y se proyecta hacia el futuro con solidez y equilibrio, haciendo nuestras empresas más competitivas. Son el eje invisible de la industrialización.

 Joseba Pérez Trullós, CEO y coach de LORTU Desarrollo Empresarial

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