El Rincón
El elefante en la habitación del que nadie quiere hablar
"La presidenta Chivite ha optado por una huida hacia delante, sin mover ninguna ficha, gracias al sostén del interesado apoyo de Bildu"


Actualizado el 08/11/2025 a las 22:51
Bloqueo. Es la palabra que define la política española en estos momentos. No va ni hacia adelante ni hacia atrás. Sube el nivel del ruido (ensordecedor) y el presidente Pedro Sánchez sigue atrincherado en La Moncloa, pero ya no puede gobernar. En Navarra, la realidad detrás del espejismo institucional que vivimos, también muestra una política atascada y una Legislatura rota. El escándalo Cerdán ha dinamitado la credibilidad política del Ejecutivo de Chivite y la presidenta ha elegido ignorarlo y seguir adelante. Optar por resistir es la salida que los une a ambos.
Ocupante de las sillas del poder. En Madrid, Pedro Sánchez se ha convertido en un mero ocupante de las sillas del poder. Tiene el consejo de ministros, pero no puede aprobar leyes. Creó una coalición multicolor con el único fin de auparlo a La Moncloa uniendo a todos los independentismos (de EH Bildu a Junts y ERC), y a la izquierda (Podemos y Sumar) y forzando una amnistía que reventaba las costuras constitucionales. Y ahora no es que renquee, como lleva haciendo desde el primer día, es que ha colapsado. La puntilla se la ha clavado Junts, el partido del prófugo Puigdemont, ese partido de la derecha catalana que es como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Ha advertido que va a vetar todas las leyes que el Ejecutivo de Pedro Sánchez tiene en camino, que son 24 presentadas ya en el Congreso y casi otras tantas que promueven los partidos de la hasta ahora mayoría gubernamental. Es decir, que pretenden dejarlo como convidado de piedra en su propio sillón presidencial. No es que no vaya a haber presupuestos, es que no va a poder aprobar ni una sola ley.
¿La respuesta del presidente? Señalar que merece la pena seguir intentando llegar hasta 2027, final de la Legislatura. De nuevo, la pura resistencia. Lo lógico en todo sistema parlamentario es que si tu gobierno se queda sin mayoría, se convoquen elecciones. Pues de eso, ni hablar por el momento. El hecho de que el bloque de derechas (del PP a Vox) obtendría ahora una mayoría absoluta holgada según las encuestas es el principal argumento del PSOE para cerrar la puerta a los electores. Vaya fe en la ciudadanía española. Sin descartar que Sánchez encuentre una “ventana de oportunidad” política y cuele las elecciones, la Legislatura, enfangada desde el primer día, entra en vía muerta absoluta. Encefalograma plano.
Estabilidad y panorama nacional. En Navarra, la presidenta María Chivite, también socialista, presume en cambio de estabilidad con su Gobierno tripartito (PSN, Geroa Bai y Contigo). Y es verdad, al menos en una cosa. Consigue cada año aprobar los Presupuestos de Navarra gracias a su pacto con la izquierda abertzale de EH Bildu. La realidad es que aprobar los Presupuestos se ha convertido en algo excepcional en la política que vivimos. Que se lo digan a las comunidades gobernadas por el PP con el apoyo de Vox, como Aragón o Extremadura, incapaces de conseguirlo. La presidenta extremeña ya ha convocado comicios para la víspera de las Navidades, y abre así un nuevo ciclo electoral autonómico en 2026, por lo menos con Castilla y León y Andalucía. Y a expensas de la Comunidad Valenciana, donde la tardía renuncia de Mazón, un año después de la tragedia de la DANA, y torpemente ejecutada, abre todos los escenarios posibles. Y con el PP en manos de Vox de nuevo. Con ser positivo, aprobar los Presupuestos no es un objetivo en sí mismo. Es un medio para desarrollar gestión política. Y que pueda hacerlo ya es otra cosa.
Navarra y Cerdán. La política navarra también se halla completamente atascada. El escándalo Cerdán, acusado por el juez del Supremo de corrupción política, es una losa que no deja respirar al Gobierno por mucho que sus componentes hagan como que no existe. Es el elefante en la habitación, ese del que nadie quiere hablar. La presidenta ha optado por seguir su hoja de ruta mientras pueda, sin mover ficha, gracias al sostén del interesado apoyo abertzale de Bildu. Una huida hacia adelante que la deja en manos de un socio que es incapaz de condenar, no ya el terrorismo de ETA, sino también la kale borroka renacida en Pamplona. Y aquí no pasa nada. Chivite no debe preocuparse sólo del caso Cerdán. También del andamiaje político que la sustenta, que es más endeble de lo que parece desde fuera. Tiene muchas grietas enquistadas. Y la presión no afloja.