"Ayer, igual que hoy, la casa de nuestros deseos era casi un sueño difícil de alcanzar. ¿Cambiará esto algún día?"

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Lucía Baquedano

Publicado el 06/11/2025 a las 05:00

Seguramente en nuestras vidas nada ha habido más importante que la casa; aquella en que nacimos y vivimos, el refugio donde de niños nos sentíamos seguros, el lugar de reunión de adolescentes amigos en las frías tardes de invierno, que también resultaba fresco y acogedor en verano, si teníamos cuidado de abrir o cerrar ventanas a las horas convenientes. Incluso nuestras penas y alegrías encontraban descanso en ella. Y, pasados los años, como el esposo del poema de Gabriel y Galán, tanto había dejado en nosotros nuestra casa, que quisimos tener la nuestra propia, bien para lograr la deseada independencia o para compartirla con la persona elegida para pasar a su lado el resto de nuestra vida. 

Pero ¡ah!, que difícil resulta hacerse con la casa de nuestros sueños, porque aunque parezca que el tiempo que ha tocado vivir a los jóvenes de hoy hace más complicado que nunca conseguir tan preciado bien, quien esto escribe tiene en su recuerdo que, tanto novios como trabajadores que buscaban un piso para vivir, de no ser que pertenecieran a acomodadas familias que estuvieran en situación de proporcionarles uno, tenían que prolongar su noviazgo o su estancia en pensión o casa paterna mucho más de lo deseado. 

No encontramos piso, era la respuesta cuando se les preguntaba para cuándo la boda o la emancipación. La vida no ha cambiado y lo podemos constatar si leemos el Diario del recuerdo de hace 25 años que nos decía “los jóvenes navarros que buscaban piso se enfrentaban a una situación de desfase entre sus posibilidades económicas y el mercado inmobiliario. Mientras la mayoría solo podía pagar 15 millones de pesetas, el precio medio rondaba los 27 millones”. Ayer, igual que hoy, la casa de nuestros deseos era casi un sueño difícil de alcanzar. ¿Cambiará esto algún día?

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