El Rincón
El regreso de la kale borroka
"Los supuestos antifascistas usan esa excusa para adueñarse del espacio público y decidir quienes son los que tienen cabida en él y quienes no"


Actualizado el 01/11/2025 a las 23:32
La realidad de Navarra es muy variopinta. Tierra de contrastes decía un magnífico eslogan turístico en su día. Y vaya si es verdad. Pero también de tristes contrastes. La normalidad de una sociedad que presume de alta calidad de vida se veía rota en pedazos el jueves por el regreso de la violencia callejera a Pamplona de la mano de los radicales de la izquierda abertzale. El puro revivir una historia pasada y que parecía superada. Pues, mucho cuidado. No lo está.
Invasión del campus. Las imágenes de una columna de cientos de jóvenes encapuchados y en perfecta formación invadiendo el campus de la Universidad de Navarra a la búsqueda de seguidores del activista de extrema derecha Vito Quiles generan alarma y miedo. Quiles había convocado el jueves por la tarde un acto en la Universidad, institución que se adelantó a no autorizar su presencia y que incluso tuvo que suspender las clases por prudencia ante “el riesgo de confrontación entre grupos radicales violentos”. Menos mal. No hubo confrontación porque Quiles desistió finalmente de asistir, aunque estuvo en las inmediaciones y escoltado además por un aparatoso “equipo de seguridad” privada a su servicio que le rodea.
Exhibición de fuerza. Pero lo que sí hubo fue una exhibición de fuerza de los radicales de la izquierda abertzale que pasó luego a un ejercicio de kale borroka pura y dura en Iturrama con pedradas contra la policía y contenedores volcados para pavor de sus vecinos. Los protagonistas, varios cientos de jóvenes, casi uniformados de negro, provenientes de la propia Pamplona, de localidades de la Comarca, de otros pueblos del norte y también del País Vasco, según la policía. Lo que quedan son cuatro policías nacionales, un estudiante y un periodista madrileño heridos por los violentos. Supuestos “antifascistas” que con esa excusa lo que buscan es adueñarse del espacio público y decidir quiénes son los únicos que tienen cabida en él y quiénes no. Como si fueran todavía los dueños de la calle con derecho a expulsar por la fuerza a todos los demás y a ejercer su monopolio matonil. Se nos deben encender todas las luces rojas como sociedad ante el regreso de estos hechos.
Blanqueamiento de Bildu. La ultraizquierda abertzale nunca ha desaparecido. Pero lo parecía. Se había quedado políticamente oculta debajo de la capa más visible de la nueva Bildu-Sortu. Y es que se ha generado un proceso de blanqueamiento de estas siglas en los últimos años, una estrategia política buscada, la de sostener su base ideológica pero modulando los mensajes y su imagen pública. Y una estrategia a la que además se han prestado a colaborar por interés los partidos de la izquierda tradicional, como el PSN, cegados por la pura consecución del poder sin ser capaces de ver a donde conducían sus cesiones. Esta semana Bildu pactaba el séptimo presupuesto de Navarra con el PSN con total normalidad mientras el ayuntamiento de Pamplona está en manos de Bildu gracias a sus votos.
La ceguera que polariza. Bildu-Sortu ha pretendido cambiar las formas y aplica ahora suavidad en el discurso oficial para no asustar y conseguir así llegar al poder. Pero todo sin moverse de su real fondo ideológico ya que todavía es incapaz de algo tan básico como condenar el terrorismo de ETA y el partido sigue homenajeando el recuerdo de terroristas. Una estrategia de ocultación parcial de sus esencias que le permite ganar réditos electorales (ahí está Pamplona) pero que también ha descolocado a parte de su base social más radical y le ha provocado incluso un cisma interno que gestionan como pueden.
Desbordados por sus cachorros. De hecho, la reaparición de la violencia callejera es un fenómeno que se manifiesta no sólo de Navarra. Lleva meses agitando calles en el vecino País Vasco de la manos de las mismas siglas, entre ellas la organización GKS, que nació hace seis años como una escisión de la izquierda abertzale. Hace pocas semanas ocurrió un episodio similar en Vitoria con una concentración de la Falange y con la policía vasca como víctima de los radicales. Extremos que se retroalimentan. Pero extremos que crecen fruto de la polarización política y de la ceguera ideológica de los partidos que debieran estar interesados en detener esta deriva y no en alimentarla. Y vamos en la dirección contraria.