"Llamar cáncer a una guerra, a un vicio social o a una desgracia extendida solo pone el dedo acusador en el mal correspondiente, no en la enfermedad ni en modo alguno en quienes la padecen. La figura se llama metáfora"

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José María Romera

Actualizado el 31/10/2025 a las 23:41

Una epidemia de literalidad invade el mundo. Me refiero a la funesta tendencia a interpretar las palabras al pie de la letra y sofocar todo atisbo de ironía, sentidos figurados, segundas acepciones y otras licencias semánticas habituales en el lenguaje. La última muestra ha venido del Congreso de los Diputados, donde acaba de ser aprobada por amplia mayoría una proposición no de ley para erradicar el uso de la palabra "cáncer" fuera del ámbito de la medicina. En nombre de la empatía, esa virtud del momento tan invocada como ausente, los diputados han creído que usar metáforas como "el cáncer de la desinformación" o "el cáncer de los extremismos" causa un daño irreparable en el ánimo de los enfermos. De momento la empatía parlamentaria no se ha extendido a otras expresiones ("la ceguera del Gobierno", "un partido de infarto", "hacer oídos sordos a las quejas ciudadanas", "una naturaleza que agoniza", "la psicosis tributaria", "el virus de la polarización") que tanto abundan, porque el cuerpo y la enfermedad son modelos cognitivos que nos sirven como fuente de símiles para representar desórdenes no físicos. 

Por ahora no se conocen demandas de reparación lingüística por parte de enfermos cardiacos, infecciosos o hipoacúsicos, que seguramente bastante tienen con lo suyo como para sentirse aludidos. La proposición aprobada en el Congreso dice mucho de los buenos sentimientos de sus señorías, pero no así de su finura de oído. Ni de su conocimiento de los mecanismos retóricos más comunes en el habla. Llamar cáncer a una guerra, a un vicio social o a una desgracia extendida solo pone el dedo acusador en el mal correspondiente, no en la enfermedad ni en modo alguno en quienes la padecen. La figura se llama metáfora. Y cuando la pieza de caza ya no son solo las palabras en su sentido literal sino en el metafórico, es que el ansia de fiscalizar el lenguaje ha pasado a la fase de desatino. Tal vez lo que nos enferma socialmente no son las palabras, sino el miedo a lo que significan. Mientras los diputados se dedican a perseguir fantasmas, por suerte los médicos y los investigadores avanzan sin descanso en la prevención del cáncer (con perdón) y en su tratamiento. También ahí hay empatía. 

 

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