"De repente, entre calabacines y cebollas salió por su boca una menestra de exclamaciones contra el Gobierno. Escupió una ristra de ajos mientras su mujer permanecía impasible"

Actualizado el 26/10/2025 a las 12:03
Mi frutero se llama Adolfo. Es un hombre bonachón, rubicundo, de ojos claros. Podría pasar por un cervecero irlandés. Su mujer es una mesoamericana silenciosa y esquiva que prepara unos zumos con efectos chamánicos. Él es leonés; ella, serrana del Perú. El género que venden no es de la mejor calidad, pero te saca de un apuro. Es una frutería, digamos, “de chino”, adonde acudes de urgencia porque te falta un puerro o porque decides que el día se presenta duro y necesitas un zumo lisérgico.
Adolfo habla mucho, al contrario que su mujer, que guarda un silencio andino y cuyo nombre desconozco. Adolfo me contó que una clienta le dijo que le compraba mucha fruta y verdura porque estaba gorda y quería adelgazar. Con su inocencia natural, Adolfo la miró y le dijo: “¡Pero si estás muy buena!”. La clienta se encabritó, compró una acelga y se fue a freír espárragos.
Hace unos días, mientras le comparaba unos condimentos hortofrutículas que necesitaba para un estofado, me tanteó para saber por dónde respiraba en asuntos de política. Parafraseando a santa Teresa de Jesús, Sánchez está entre los pucheros, saltando de las lentejas a la sopa de ajo. “Yo ya no puedo más con la política” -musitó mientras pesaba dos patatas en la balanza- “¿tú qué opinas?”. Mi respuesta no fue vaga: “Es normal, no recuerdo un presidente del Gobierno peor que este”.
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De repente, entre calabacines y cebollas salió por su boca una menestra de exclamaciones contra el Gobierno. Escupió una ristra de ajos mientras su mujer permanecía al fondo, impasible como un indio navajo. Pagué con rapidez porque los denuestos de Adolfo aumentaban en intensidad y en casa me esperaba un arroz al fuego.
Con mi bolsa de hortalizas, pensé que si un frutero que no conoce lo que son las vacaciones, que abre su pequeño negocio a las ocho de la mañana y lo cierra a las nueve de la noche, clamaba contra Sánchez, él y su partido parecen tenerlo tan crudo como un mordisco arenoso a una pera de invierno.