Sancho me habló con la mirada: “Mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes sino molinos de viento.”

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 19/10/2025 a las 05:00

Estaba uno tomándose una michelada en una terraza mientras Sancho tiraba de la correa. El incansable perro rijoso trataba de montar a una caniche neurótica. Lo conminé a que conservara el pintalabios dentro de la funda. Me disculpé ante el dueño de la perra, un señor que lucía fular al cuello. Advertí que una multitud ascendía las escaleras desde la Plaza de España. En esos días, la flotilla del selfie aún andaba de gira con gran éxito en los medios de aquí y ninguno entre los gazatíes. Familias con niños tomaron al asalto la terraza. Una niña cansada, como quien lleva un carrito de juguete que ya no le entretiene, arrastraba un cartel. Alcancé a leer el lema: “No pasarán”. Miré el calendario del teléfono. En efecto, no estábamos en 1936. Observé a sus padres, una pareja con pañuelos palestinos que ya hacían planes para tomar una caña y llegar a tiempo para ir al Mercadona. Tuve un momento de inspiración imaginativa.

Supuse que además de gritar el lema que hizo suyo Dolores Ibarruri, la pareja seguía con fidelidad pecunaria a quienes, como Trump, prometen cambiar el mundo; o como Pablo Iglesias, que ha conseguido 100.000 euros en donaciones para ampliar su empresa hostelera no colectivizada. Mi perro volvía a tirar de la correa, esta vez husmeando las feromonas de una joven podenca. Ignora que no es no; no respeta edad ni condición. Un día de estos me lo cancelan. Imaginé que la pareja con su niña cautiva y desarmada, ya con prisas para ir comprar dos tarrinas de humus y pan de trigo sarraceno, habían donado dinero a “Futuro vegetal”, grupo activista de primero de plástica: se pegan a un cuadro del Museo del Prado o lanzan pintura roja sobre Cristóbal Colón. Veo a la familia que marcha a prisa, ignorantes acaso de que la cabeza visible de “Futuro vegetal” es un brócoli humano que responde al alias de Bilbo Basaterra. Desvió 40.000 euros de donaciones para pagarse una furgo. Debió de ver “Sirat” y le gustó el plan. Suspiré. Viéndome un poco agotado por tanta cavilación agrícola, Sancho me habló con la mirada: “Mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes sino molinos de viento.”

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