Un socio clave en el flanco sur de la OTAN
Que Donald Trump sugiera echar a España de la organización debería despertar una reacción unánime de rechazo entre los líderes del tratado, los del PSOE y los del PP. Sin lecturas partidistas

Publicado el 11/10/2025 a las 05:00
No es tiempo de bravatas ni de titulares grandilocuentes. Así, en mayúsculas, deberían grabárselo en el frontispicio de sus sedes todos y cada uno de los cargos políticos. Desde Donald Trump hasta Pedro Sánchez, pasando por los ministros y líderes de la oposición de ambos países.
El mundo atraviesa por una era de incertidumbre y desacoplamiento global, una etapa plagada de guerras más o menos latentes, alianzas cambiantes y conflictos regionales, donde lo último que se necesita es que alguien con un altavoz vierta más gasolina al fuego.
Por ello las declaraciones del presidente norteamericano aconsejando a la OTAN echar a España de sus filas exigen despertar una reacción de reproche unánime en todo el país y el bloque transatlántico. Empezando por el propio gobierno de Pedro Sánchez, que lejos de hacer chanzas al respecto -la vicepresidenta Montero apuntó ayer a una pataleta de Trump por no llevarse el Premio Nobel de la Paz, debería centrarse en no mandar mensajes contradictorios con su política internacional.
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Porque cabe recordar que Sánchez fue el único en desairar al voluble mandatario con una confusa carta durante la última cumbre de la OTAN, en la que todos los países miembro salvo España se comprometieron a a alcanzar el 5% de su PIB destinado a defensa. Los adjetivos que se le pueden dedicar a Donald Trump son muchos, pero es indudable que su crédito acaba de ascender varios enteros con un plan de paz para Gaza, que ha auspiciado en tiempo récord, y que por fin aporta esperanza a la catástrofe de Oriente Medio. De ahí que su salida de tono en el Despacho Oval sin que viniera a cuento pone, cuando menos, un tóxico foco en la imagen internacional de fiabilidad de España, uno que presiona y desvirtúa el trabajo fiable que desde hace años se lidera en el franco sur de la OTAN. Es obvio que el Tratado ni quiere ni puede a echar a España de su seno, pero también debiera serlo que todos sus miembros, incluidos los cargos del PP, harían bien en dejarlo diáfano. En huir de partidismos unos, y de obtener oxígeno otros, cuando están en su peor momento. Ni EEUU es Donald Trump ni España es Pedro Sánchez, pese a la enormidad de sus egos. Y ambos países sobrevivirán a sus erráticos liderazgos.