Envido
La izquierda abertzale colgó en el guardarropa del Anaitasuna su aspecto de gente guay
Se desconoce si cuando gritaban “¡independentzia, independentzia, independentzia!”, la portavoz parlamentaria de Bildu, que estaba allí, le mensajeó a la presidenta María Chivite una especie de ‘tranquila, que es de broma’


Publicado el 06/10/2025 a las 05:00
Se desconoce si cuando los concentrados en el Anaitasuna gritaban "¡independentzia, independentzia, independentzia!", la portavoz parlamentaria de EH Bildu, Laura Aznal, que estaba allí, le mensajeó a la presidenta María Chivite, su socia presupuestaria y cada vez de más cosas, una especie de 'tranquila, que es de broma'. El pabellón se volvió un elogio del desahogo, como la entrada a un edificio de oficinas donde, a media mañana, los empleados forman corrillos echándose un café y un cigarro. La izquierda abertzale colgó en el guardarropa su aspecto de gente guay; su camisa, americana, bolsa del portátil en mano e incluso su jatorrismo cool. Su nueva hechura de diálogo, convivencia y peluches. Se soltó el cinturón y resopló aliviada: por fin podía mostrarse de verdad. Ondeó ikurriñas en gradas y pista, otra ikurriña gigante acaparó el fondo de escena y todos levantaron el puño izquierdo.
Sortu, la fuerza que se ha apropiado de EH Bildu, rendía tributo hace dos sábados a Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi, fusilados en el franquismo hace cincuenta años. Les ha homenajeado con tanta exageración la izquierda abertzale como víctimas del franquismo que, precisamente por eso, a lo mejor en el fondo no les ha homenajeado como víctimas del franquismo. Porque 'Txiki' estuvo implicado en el asesinato de los policías José Díaz Linares en San Sebastián y Ovidio Díaz López en Barcelona, y Otaegi fue colaborador necesario en el del guardia civil Antonio Posada Zurrón en Azpeitia. Ambos eran miembros de ETA. "¡Los terroristas fueron los franquistas, no los que fusilaron!", proclamó el líder de Sortu, Arkaitz Rodríguez pero sin tilde en la i.
Casi a la vez que Arnaldo Otegi, también presente en el Anaitasuna, y los demás entonaban el 'Eusko gudariak' (su primera estrofa canta "somos los guerreros vascos para liberar Euskadi y estamos dispuestos a dar nuestra sangre por ella"), la asociación navarra de aquellos a quienes se les desangró hasta robarles la vida emitía un comunicado criticando que el segundo Plan de Convivencia planteado por el Gobierno de Chivite "diluye la responsabilidad específica de ETA y genera una narrativa equidistante". Hay más de trescientos cincuenta asesinatos sin resolver y cada año se documentan entre cuatrocientos y quinientos enaltecimientos del terrorismo. En Pamplona se vandalizan las placas en recuerdo a las víctimas de los etarras y la viuda del cabo Juan Carlos Beiro, asesinado con una bomba veintitrés años atrás, no quiere regresar ya a Leitza para el acto de memoria al estar harta de una justicia bloqueada. Pesa a pesa, la balanza se inclina en favor de los secuestradores del relato. Anaitasuna a Anaitasuna.