Contra la violencia vicaria, por ley
La nueva reforma normativa que impulsa el Gobierno establece que la venganza de los maltratadores contra sus mujeres a costa de los hijos será un delito específico penado con cárcel

Publicado el 02/10/2025 a las 05:00
El tardío combate del Estado de Derecho, sus instituciones y la ciudadanía contra la violencia ejercida contra las mujeres ha ido descubriendo los distintos pliegues en los que el machismo trata de hacerse fuerte, de infligir el desgarro más doloroso a sus víctimas.
Los hijos, la necesidad de protegerlos de un entorno de maltrato pero sin desligarlos de sus progenitores, ha constituido siempre una de las herramientas de chantaje emocional más afinadas y crueles de los agresores. Agresores a los que la sociedad tendía a asimilar como buenos padres aunque pegaran e incluso mataran a las madres de sus hijos, un imposible a beneficio del maltratador que la laxitud de la ley amparaba.
Ha tenido que pasar un tiempo infinito de padecimiento hasta que el sistema pusiera nombre -violencia vicaria- a la venganza desgarradora que lleva a un hombre a destrozar a la mujer que cree de su propiedad castigando, a veces hasta la muerte, a sus descendientes, compartidos en no pocos casos.
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El impulso del Gobierno a una norma que convierte en delito esta vulneración de derechos y lo castiga de forma específica afronta un vacío histórico y ayuda a blindar, en el presente y en el futuro, a tantas mujeres y a tantos niños. Es tiempo ahora de que el anteproyecto reciba las alegaciones pertinentes de los diferentes órganos consultivos y, llegado el caso de un visto bueno, sea enviada al Congreso para su tramitación y aprobación.
Es de esperar que el futuro debate parlamentario reciba importantes apoyos ya que es la plasmación de 40 medidas contra la violencia vicaria incluidas en la renovación del pacto de Estado contra la violencia de género que respaldaron hace meses todos los grupos parlamentarios salvo Vox.
Huir de la polarización actual y de cualquier tentación de tacticismo político es lo menos que debería esperarse en la cámara con un asunto de tamaño dolo, donde sólo el año pasado perdieron la vida una decena de menores a manos de sus progenitores.