El rincón

Leonor pasa con nota su primera prueba en Navarra: una visita llena de simbolismo

La princesa ha mostrado la cercanía y la madurez con la que se desenvuelve ya a sus 19 años por los vericuetos que conlleva ser heredera de la corona

Los Reyes y la princesa Leonor, en un momento de su visita al palacio real de Olite
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Los Reyes y la princesa Leonor, en un momento de su visita al palacio real de Olite
Los Reyes y la princesa Leonor, en un momento de su visita al palacio real de Olite

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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 28/09/2025 a las 05:00

Ha sido una vista cargada de simbolismo en todos sus detalles y escenarios. La de la Leonor, Princesa de Viana y de Asturias, junto a sus padres los Reyes por Pamplona, Viana, Leyre, Olite y Tudela. Una visita desde la normalidad, llena de guiños a las raíces de la historia de Navarra, gestos cómplices y calor popular. Donde la princesa ha mostrado la cercanía y la madurez con la que se desenvuelve ya a sus 19 años por los vericuetos que conlleva ser heredera de la corona.

Una renovación ejemplarizante. La monarquía española, y Felipe VI en particular, son plenamente conscientes del reto que afrontan. La de asentar que las nuevas generaciones de españoles entiendan y aprecien la utilidad de una institución tradicional que corre el peligro de zozobrar si no es capaz de encontrar su sitio.

Juan Carlos I se revalidó como monarca tras la muerte del dictador Franco protagonizando la Transición, la época más difícil y exitosa de la reciente historia de España. Luego sus problemas personales, fiscales y los negocios emborronaron su imagen en la parte final de su reinado hasta forzar su abdicación. De hecho, hoy vive en Abu Dabi, una especie de exilio forzado para evitar más daños a la institución.

Felipe VI recogió el testigo en horas muy bajas y ha dedicado estos once años a una completa renovación ejemplarizante de la institución. Era imprescindible y ha hecho muy bien su trabajo en este tiempo. A la vista está. Ha trabajado a pulso la imagen de una monarquía símbolo de la unidad del Estado y, a la vez, comprometida con las preocupaciones de los españoles.

La imagen de los Reyes, dando la cara a pie de calle ante un pueblo indignado en Paiporta tras el desastre de la DANA es un icono de esta férrea voluntad de ganarse el respeto que les legitima. Corriendo riesgos además. Lo mismo su visita a todas las zonas afectadas por los incendios forestales este verano en medio de otra ola de indignación ante la corta respuesta oficial. Son presencias y actitudes que calan cien veces más que un discurso. Y no son fruto de la mercadotecnia política sino de la convicción. Por eso enganchan.

En la turbulenta política española el Rey sigue liderando una institución esencial, la clave de la bóveda sobre la que descansa el concepto de unidad constitucional, esa que está en juego hoy.

La Navarra real. En este contexto, duro y exigente, lleno de interrogantes y huérfano de certezas, la Princesa Leonor se forma como heredera. Y le toca encontrar su propio camino para trenzar complicidades con la sociedad española, hoy compleja, polarizada, y que mira a las instituciones con profunda desconfianza y falta de compromiso. En este país le tocar ganarse su trabajo y no lo va a tener nada fácil.

Su visita esta semana a Navarra forma parte de este periplo vital, donde el pasado y el futuro aspiran a darse la mano. Y ha reunido todas las complejidades a las que se enfrenta la monarquía. Leonor es Princesa de Viana, el título que el monarca navarro Carlos III creó hace 602 años para los herederos del Reino de Navarra. Y su paso por lugares tan emblemáticos como Viana, Leyre y Olite habla de su certero entronque con la historia de Navarra, una legitimidad básica en la institución monárquica. Pero que no basta para asegurar el futuro. Por eso, su encuentro con la ciudadanos de a pie en cada rincón y de forma especial, con los jóvenes en Tudela, muestra el empeño de ligar su figura a su generación y de sembrar el mañana.

Complejos y intereses políticos. Por contra, las ausencias en la llegada de los Reyes al Palacio de Navarra nos hablan de otros desafíos. Y de las contorsiones que ha tenido que hacer el Gobierno del PSN con la visita. Porque del tripartito que lidera la presidenta María Chivite, se borraron del acto Geroa Bai (salvo Domínguez) y Contigo. Del alcalde Asiron de Bildu, ni hablamos.

Ausencias que revelan sus complejos. Son representantes de todos los navarros, no sólo de los que les votan. Seas monárquico o republicano, saludar al Jefe del Estado es un deber de cortesía elemental. De primero de respeto institucional. ¿Qué van a pedir luego al resto de los ciudadanos si no son capaces de practicarlo ellos? En el caso de Navarra, a la izquierda de corazón republicano, se suma el nacionalismo que, no olvidar, ve en el Rey el gran obstáculo para sus pretensiones independentistas.

De momento, una cosa sí está clara. Leonor ha pasado esta prueba de su primera visita a Navarra con muy buena nota.

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