¿Hay partido tras las manifestaciones gazatíes?

Publicado el 23/09/2025 a las 05:00
Dicen los apologetas del Gobierno de Sánchez que el presidente se ha recuperado y que tras las manifestaciones contra la Vuelta Ciclista ha recuperado la iniciativa política. El reconocimiento de Palestina y el acoso a Israel han puesto —dicen— al PP contra las cuerdas. ¿Realidad o espejismo a modo de oasis en el desierto? Pues todo depende del color del cristal con el que se mire. Si miramos al Congreso de los Diputados, no parece que haya reflujo alguno. Más bien el patinazo de la vicepresidenta Díaz con el proyecto de la reducción de las horas de trabajo (37,5) nos muestra la orfandad del Gobierno a merced del capricho de los socios que lo sostienen.
Si dirigimos la mirada a Waterloo o Bruselas, las cosas no parecen mejorar. El prófugo Puigdemont, pendiente de una sentencia del TJUE sobre su inmunidad, no parece querer saber nada de algunos proyectos como los que persigue el ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, mediante leyes mordaza a periodistas y cambios para manejar la justicia. Menos aún de aprobar los presupuestos, pese a los guiños de la todavía vicepresidenta y ministra de Hacienda, Mª Jesús Montero, con sus propuestas económicas a sus socios a costa del bienestar general de los españoles. Todo es bueno para el convento de Pedro Sánchez y sus seguidores, que parecen miembros de una secta apostólica más que verdaderos políticos con responsabilidades ante su electorado y ante el momento crucial que vive nuestro país, con deterioro de la política y de la convivencia en general.
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Nuestro resiliente presidente tiene ante sí un panorama complejo en su relación con la justicia. En un par de meses sabrá si su fiscal general es condenado o absuelto, y también por esas fechas la situación procesal de su mujer, Begoña Gómez, le puede dar dolores de cabeza. Seguramente le preocupan menos los 'casos Koldo, Ábalos y Cerdán', porque los tiene amortizados. No moverá un dedo por el exministro de Transportes y menos por el de Milagro. Aquí, sin embargo, las cosas pueden torcerse. Si es así, tratará de minimizarlo a Navarra. De seguro le importará menos perder el Gobierno navarro que entregar el suyo en almoneda, salvo que sus socios de Bildu y PNV le obliguen a torcer el gesto y salvar a María Chivite. El precio: el próximo Gobierno foral, al tener en Otegui un buen aliado.
Por dicha razón, Sánchez se agarra a la cuestión palestina como la sombra al cuerpo. No entro en una cuestión de lesa humanidad para el pueblo palestino, pero sí en la hipocresía política donde cualquier causa es buena si le sirve para aferrarse al poder. Le ocurrió a Pujol cuando ante el convoluto de banca catalana se envolvió en la bandera de Cataluña y le salió bien, con los resultados que saltan hoy a la vista. No digamos al expresidente Zapatero, el defensor de un Estado que vive del narco como Venezuela, cuando utilizó la guerra de Irak para mantenerse siete años en el poder. Sánchez parece haber encontrado en el reconocimiento del Estado palestino el bálsamo de Fierabrás para sus graves errores como gobernante nacional.
Tenemos, por tanto, causa palestina para rato, y lo digo con respeto, pues las guerras son catastróficas, como también la de Ucrania (tan frívolamente tratada por Trump) o la matanza diaria de miles de fieles cristianos en Nigeria, a los que nadie parece importar. ¡'Porca' política!
Manuel Pulido Quecedo. Abogado. Doctor en Derecho.