"Cuando un gobierno ataca al poder judicial, favorece a un pequeño grupo de diputados a quienes les interesa muy poco el buen funcionamiento del país, salvo sus propios fines"

Actualizado el 16/09/2025 a las 23:01
El reconocido premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz ha escrito un nuevo libro, 'Camino de libertad' (a la que conduce, según el autor, una mayor intervención del Estado en la sociedad), y, con su ya conocida acerada pluma, vuelve a un ataque en toda regla al sistema de economía liberal con motivo de la globalización. Su contenido se encuentra en el polo opuesto al que ya escribió en 1944 el reputado economista vienés Friedrich Hayek (1899-1992), también premio Nobel, en 'Camino de servidumbre' (a lo que paradójicamente conduce la intervención del Estado al que alude Stiglitz), y que sirvió de libro de cabecera a Margaret Thatcher en los años que gobernó en el Reino Unido.
Este es un debate desde los albores del nacimiento de la ciencia económica, no solo teórico sino con implicaciones prácticas y reales en la política y en sus decisiones en el ámbito de la economía. Forma parte del desencuentro constante entre los demócratas y republicanos en EE UU y entre liberales y socialistas en Europa. En realidad, el núcleo de ese debate gira en torno al equilibrio correcto entre el mercado y el gobierno, porque nadie duda que este último debe intervenir y son sus límites los que se ponen en entredicho. Pero no es solo eso, hay algo más.
¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA
Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF
Stiglitz posee una gran experiencia por su trabajo en un amplio grupo de países de todo el mundo, tratando de buscar soluciones a los problemas derivados de la globalización, expresados en uno de sus libros anteriores, 'El malestar de la globalización', donde presenta las reformas que requiere el nuevo orden mundial y expone su propia visión del futuro. Nuestro autor no se encuentra solo en esta lucha por lograr un “capitalismo progresista” (léase socialista), porque notorias figuras como Paul Krugman (premio Nobel), Thomas Piketty, Gabriel Zucman y el profesor de Ciencias Políticas de Harvard Michael J. Sandel, entre otros, forman parte de los intelectuales críticos con la economía liberal capitalista y las desigualdades que origina.
Pero lo que de verdad preocupa a Stiglitz es la manera de redefinir el concepto de libertad, siendo capaces de establecer un “capitalismo progresista” que, incluyendo las regulaciones necesarias, todos puedan prosperar. Considera que el sistema neoliberal que defienden las élites de los países en los que operan ha tenido como consecuencia que los mercados sin regular hayan tenido secuelas no deseadas para los trabajadores y el medio ambiente. Esta es la causa de las desigualdades, origen de no pocos movimientos populistas. Como afirma Zygmunt Bauman, “la riqueza de unos pocos no beneficia a todos”.
¿Será cierta la afirmación de Stiglitz, en su libro 'El precio de la desigualdad', de que el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita? Una afirmación como esta zarandea la conciencia de los más recalcitrantes y deja un poso de su propio veneno. Es evidente que el contenido de esta afirmación no se puede achacar únicamente a las fuerzas ciegas del mercado, tranquilizando de ese modo las conciencias de quienes tienen el deber de canalizar esas mismas fuerzas con políticas económicas más justas y equitativas. La macroeconomía exhibe con pertinaz efusión la mejora del PIB (Producto Interior Bruto), el incremento de la inversión extranjera, el récord de beneficios del IBEX 35... sin tener en cuenta cómo se distribuye esa riqueza y a qué proporción de la población está llegando.
“¿Por qué las empresas deberían preocuparse de los derechos humanos?”, le preguntaron en una ocasión a John Ruggie, profesor de la Universidad de Harvard, y respondió: “Porque es la esencia de la sostenibilidad de las empresas”. En una sociedad en la que las clases medias tienden a empobrecerse y las desigualdades crecen, ¿cómo lograr el equilibrio necesario entre seguridad y libertad para superar esos extremos? Algunos de los economistas antes citados consideran que para evitar las desigualdades se debe revisar el sistema impositivo creando uno nuevo que grave la riqueza y no solo la renta, propuesta que es objeto de algún amago por parte del gobierno en nuestro país y se ha llevado a cabo entre algunas grandes empresas sobre sus beneficios.
El 'Financial Times' del 4 de febrero del 2013 hacía la siguiente y vergonzante afirmación sobre nuestro país: “Sus instituciones (las de España) […] muestran signos de putrefacción”. ¿No será este el verdadero problema que tenemos, como afirman Acemoglu y Robinson (premios Nobel de Economía en 2024) en su libro 'Why Nations Fail?' ('¿Por qué fallan las naciones?')? Cuando un gobierno ataca al poder judicial, favorece a un pequeño grupo de diputados a quienes les interesa muy poco el buen funcionamiento del país, salvo sus propios fines, los enfrentamientos en el seno del propio gobierno resultan vergonzantes y el fin justifica los medios para mantenerse en el poder a cualquier precio. Y es inevitable que la corrupción, cuyo caldo de cultivo es la falta de principios, se extienda como un cáncer. Lo que hace a los países ricos o pobres es el buen funcionamiento de las instituciones. Nos queda un largo recorrido.
Francisco Errasti. Economista.