El tercer día más feliz de ser padre

Publicado el 04/09/2025 a las 11:19
Cuando lean estas líneas probablemente estaré viviendo uno de los mejores momentos del año. Directo al 'top 3' de buenas sensaciones. En mi caso, y por este orden:
1. Apagar el ordenador el día previo a coger vacaciones.
2. Apertura de regalos grupal en la mañana de Reyes.
y 3. Subida al autobús escolar de mis vástagos en su primer día de clase.
Sí. Lo sé. Parece paradójico que a uno de los momentos familiares por antonomasia le siga otro de desapego y momentáneo abandono. Pero qué le vamos a hacer. Uno está hecho de contradicciones y no elige sus instantes de felicidad espontánea. De liberación. Y quien sea padre (o madre), y más cuando se es por triplicado, lo entenderá. Vaya que sí.
Porque es llegar septiembre y que el balde de paciencia esté a una gota de desbordarse después de tres meses de convivencia total. Como una edición completa de la casa de 'Gran Hermano'. Porque esa es otra. De unos años a esta parte, si el hijo es medianamente aplicado, para finales de mayo ya está apalancado en casa con todo el curso finiquitado. Y toca aguantar las peleas para que no todo sea móvil, switch, televisión y fútbol.
Y como si de una progresión aritmética decreciente se tratase, a menor edad del escolar amnistiado, mayor peligro de explosión veraniega por falta de horarios, rutinas y compañeros. Así que sí, es cierto. Me declaro culpable de un delito de hipocresía cada 4 de septiembre: cara triste exterior para despedir a quienes suben al autocar camino del cole, sonrisa malévola interior celebrándolo como un gol en El Sadar.
Y ojo. Sé que no soy el único. Hasta abrazos he visto darse a vecinos en cuanto el bus arranca y se pierde de vista. Bienvenido sea pues septiembre con sus grises y sus fríos. Con sus horarios en blanco a rellenar y con esos chispazos de soledad mañanera ganados al reloj. Que en nada vendrá octubre con sus extraescolares y esa condena que es mutar en perpetuo taxista familiar.