Helados y almorranas

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Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 30/08/2025 a las 21:54

Esta semana he recordado un hecho gravísimo. Un vecino de Oñate adscrito al centro sanitario de Mondragón-Arrasate, tardó diez meses en someterse a una colonoscopia porque exigía ser atendido por un facultativo vasco-parlante. Su médico de cabecera le propuso trasladarse a Vitoria, donde sí había un especialista en Digestivo euskaldún. Según declaró el paciente en perfecto castellano: “Me negué a ir a Vitoria. Si mi hospital es el de Mondragón, ir al de Vitoria me pacería aceptar un chantaje”. El irritable presentaba sangre en las heces y, a la vista de la tardanza en ser atendido en vasco, amenazó con una huelga de hambre. Ignoramos en qué idioma. Atendido por un traductor, se quejó de los fallos gramaticales del médico y del traductor. Finalmente, y como cabía esperar, la sangre en sus heces oñatienses la causaba una almorrana. 

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El escozor nacionalista se asoma en sus declaraciones perfectamente castellanas: “No entiendo que los inmigrantes tengan derecho a que les atiendan con traductores y no se haga lo mismo con los euskaldunes”. ¿Y dónde se fabricó el colonoscopio?, ¿en Éibar?, ¿en Tolosa? ¿Acaso era un aparato sospechosamente español? Lo ignoramos. El caso fue aprovechado por EA-PNV para llevar al Parlamento Vasco la almorrana y así probar que hasta un inmigrante bengalí tiene más derechos que un euskaldún de pura cepa. Menos grotesco es el caso de la heladería barcelonesa Dellaostia, regentado por trabajadores argentinos, cuyo establecimiento fue vandalizado esta semana tras la denuncia de Guillem Roma, concejal de ERC, pues su mujer había sufrido “discriminación lingüística” por no ser atendida en catalán. 

El diputado publicó en redes el caso y al día siguiente la heladería apareció vandalizada. No se arrepiente Guillem Roma, quien afirma vivir al margen de las redes sociales, como tampoco de denunciar a unos trabajadores sudamericanos por desconocer la lengua sacra. En su argot: sudacas. Y el tipo, con todo el cuajo, se dice de izquierdas, tras incitar al odio. El monopolio xenófobo no lo tiene Vox, también se apuntan a la caza almorranas y helados de fresa.

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