Cartas de los lectores 

No nos podemos permitir nuestro nivel de vida

Ilustración de una mujer con el aire acondicionado encendido
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Ilustración de una mujer con el aire acondicionado encendido
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Miguel Ángel Munárriz Casajús

Publicado el 25/08/2025 a las 05:00

Cada verano se baten récords termométricos, los mares están cada vez más calientes, los casquetes polares más consumidos, los glaciares de montaña más bajos y las fuerzas naturales más desatadas. Las sequías arrasan regiones enteras, y si no son las sequías son las lluvias torrenciales; se pierden cosechas, se agota la pesca, muchos humedales desaparecen… y las preguntas que asaltan nuestra mente son: ¿hasta dónde va a llegar este proceso? ¿Cuántas generaciones tras la nuestra van a sufrir las consecuencias de nuestros actos?

Preguntas trascendentes. Por eso no es de extrañar que la ecología se haya convertido en una nueva religión mucho más verdadera que las anteriores. Tanto, que todos hacemos ferviente profesión de ecologismo y presumimos de haberla colocado en lo más alto de nuestra escala de valores. La ecología se ha convertido en el mejor eslogan político y comercial de todos los tiempos; todo lo que se produce es ecológico y todos nosotros somos ecologistas convencidos y apasionados.

Pero la concentración de CO2 en la atmósfera sigue creciendo de forma exponencial, y lo seguirá haciendo hasta que tomemos verdadera conciencia de lo que está en juego y actuemos en consecuencia. Porque es evidente que aún estamos muy lejos de concienciarnos. Por el momento estamos jugueteando a los ecologistas con esa lasitud de quien no se cree lo que le están contando. Pasamos más calor en verano, pero ese es un problema molesto que las autoridades y los científicos (o el aire acondicionado) solucionarán sin menoscabo de nuestra capacidad de consumir irracionalmente ni de nuestro grado de confort.

Un ejemplo. Estamos soportando una ola de calor con temperaturas rondando los cuarenta grados y, como la sensación es inconfortable, hemos puesto los aparatos de aire acondicionado a su máxima potencia -o los hemos comprado, si no los teníamos-, hemos saturado la capacidad de suministro de las centrales eléctricas y generado miles y miles de toneladas de gases de efecto invernadero. De esta forma, las temperaturas dentro de diez años serán más altas; los aparatos de aire acondicionado, mucho más abundantes y potentes; la emisión de gases, muy superior; y el cambio climático seguirá acelerándose en progresión geométrica.

Cuando les hablen de cambio climático, por favor, no miren a los políticos o a las grandes compañías, y pregúntense cómo pueden ahorrar energía a nivel doméstico o en sus desplazamientos o en su consumo superfluo. Porque los responsables últimos del cambio climático somos cada uno de los ciudadanos de a pie (ustedes y yo) y nuestro nivel de vida absolutamente insostenible.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

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