"La casualidad ha querido que en apenas unos días este periódico nos haya traído dos cartas desde el más allá"

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Íñigo González

Actualizado el 21/08/2025 a las 23:44

La casualidad ha querido que en apenas unos días este periódico nos haya traído dos cartas desde el más allá. Y no son voces de ultratumba, pues en ambos casos el discurso es claro, contundente y, por qué no, también bello. De los que tocan la fibra interior. Dos testimonios vitales en los que la palabra escrita, el negro sobre blanco, muestra su tremendo poder. En todo su esplendor. Pero vamos por partes.

El sábado fallecía Javier Lambán. Histórico líder del socialismo aragonés, expresidente de la comunidad vecina y una de las pocas voces críticas al sanchismo. Sabedor de que su final era inminente, Lambán programó un artículo póstumo en Heraldo de Aragón para que la prensa lo publicase a su muerte. Y no era un texto fácil. Tampoco un ajuste de cuentas tardío. Constataba las ideas que defendió públicamente hasta el último momento, de su visión de España, hoy vilipendiada por compañeros de su propio partido y, sobre todo, del desamparo en el que viven las víctimas del terrorismo de ETA al ver como el PSOE blanquea a Bildu hasta la náusea. Líneas valientes, comprometidas y que deberían hacer pensar a muchos. Socialistas o no.

El otro testimonio es tan hermoso como desgarrador. Nace en la sección de ‘Cartas de los lectores’ que acompañan cada día a estas páginas. Un hombre escribía el miércoles en memoria de su hermana, una navarra valiente y luchadora a la que la vida y la salud no se lo puso fácil. En ella se hacía eco de la última carta de su familiar, enviada en vida por ésta y publicada, por casualidad, tras su muerte. Un hecho inesperado y desconocido entonces. No entraré al fondo de lo que allí se decía, pero sí reproduciré íntegramente su último párrafo: “Por eso hoy alzo la voz, con orgullo y con dignidad. Porque la humanidad, cuando se encuentra, merece ser nombrada. Y porque el abandono institucional merece ser señalado”. Se llamaba Cristina Esparza Ursúa y no imagino mejor epitafio fortuito para enviar un mensaje desde el otro lado. Descansen los dos en paz.

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