El desplume de la nación-Estado española

Es humillante que partidos de ámbito no estatal actúen sin escrúpulo como desalmados explotadores, sin compromiso alguno en la responsabilidad de Gobierno, pero sí presionándolo y chantajeándolo a cambio de sostenerlo

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José Luis Díez Díaz

Publicado el 19/08/2025 a las 05:00

El artículo 2 de la Constitución Española —“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionales y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”— está cuestionado no solo por los nacionalismos periféricos, sino también por partidos de izquierdas, acomplejados con el término de nación o de español (salvo cuando se presume de triunfos en deporte individual o de conjunto) y se refleja en sus sueños de federalismo, aunque sería complicado encontrar a un español de formación media que supiera diferenciar claramente el federalismo de lo que es el actual estado autonómico español.

“Los símbolos tienen más importancia que la realidad —escribía el historiador F. G. de Cortázar—, de ahí que los nacionalistas prefieran seguir jugando a soñar con minúsculos Estados feudales antes de convencerse de que la historia debe continuar. Pero puede no hacerlo en España si no comprendemos que los nacionalismos son armas cargadas de pasado y los Estados solo se justifican por su contribución a aquella paz perpetua que concibió Kant como ideal supremo de la humanidad”.

La heredada idea del Estado federal, del ególatra mutante de Moncloa, confirmada en la investidura del presidente de Cataluña (del PSC), es posible sea por ahora solo una treta y burda excusa dilatoria para mantenerse en el poder. Su alucinante permisividad en concesiones, sus pactos y torticeras maniobras, utilizando hasta presuntos corruptos como emisarios y negociadores, ha hecho estallar la Caja de Pandora, y con la valiosa colaboración de sus voceros y ministros, algunos genios del frentismo y la distracción, alumnos aventajados de la escuela 'goebbeliana' de propaganda nazi, han conseguido instaurar en España un auténtico caos al que no es ajena la Comunidad Europea.

Es humillante que partidos de ámbito no estatal actúen sin escrúpulo como desalmados explotadores, sin compromiso alguno en la responsabilidad de Gobierno, pero sí presionándolo y chantajeándolo a cambio de sostenerlo, obteniendo beneficios de todo tipo para sus CC. AA., proclives al separatismo o su federalismo particular. Nunca me convenció el desglose y atribución de competencias a las CC. AA., del título VIII de la CE, dando la impresión de un “vaciado” Gobierno central que solo piensa en mantenerse y que con toda desfachatez permanece de vacaciones a pesar de lo que sucede en la nación-Estado, como si lo que ocurre en el territorio español no fuera con ellos.

Es grave la responsabilidad histórica de este Gobierno, con sus desplantes, omisiones y enfrentamientos ante la gran mayoría de las CC. AA., en cuestiones de inmigración, financiación o las desgraciadas danas e incendios, así como las comunicaciones ferroviarias, sin personal y sin una adecuada conservación y atención. Todo sin olvidar el tsunami de presunta corrupción que inunda al PSOE que lidera el Ejecutivo nacional.

Creo en el principio de subsidiariedad, pero otra cosa es la obligación del Gobierno central de intervenir y estar presente en esta oleada de incendios que afecta a casi media España, pues es evidente que las CC. AA. no disponen hoy día de los recursos y medios suficientes, ni pueden disponer por su cuenta de unidades del Ejército para poder enfrentarse a catástrofes de este tipo. La falta de coordinación y dirección y la lentitud en afrontar los problemas, sobre todo estando de vacaciones, es la tónica general de este Ejecutivo central, o, cuando no, exigiendo la petición de ayuda de las CC. AA. afectadas, supongo que con instancia en el registro central.

Este indescifrable federalismo ha propiciado un progresivo incremento de empleo en cargos de delegados, subdelegados, representantes de Juntas, diputaciones... y la creación de nuevos organismos en CC. AA, y Gobierno, que, cuando llega el momento de ejercer la competencia, el titular de turno, con la duda de su capacidad y currículum, se escaquea, salvo si es para alguna comparecencia en sentido positivo en los medios. Parece que una cosa es el Gobierno de la nación-Estado y otra, los territorios de algunas de las CC. AA.

Afirmaba hace años Jorge de Esteban, catedrático de Derecho Constitucional, que “es muy difícil volver a poner las plumas al pavo cuando ya se le ha desplumado, pero algo hay que hacer si queremos que España siga existiendo como nación unitaria”.

José Luis Díez Díaz es licenciado en Derecho y funcionario foral jubilado.

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