"El PSN es un partido sumiso a Madrid. La prioridad de sus líderes no pasa por servir a los intereses de Navarra, sino a los de su declinante Rey Sol, aunque ello comprometa nuestro futuro"

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Manuel Sarobe

Publicado el 16/08/2025 a las 05:00

Aunque Enrique Tierno Galván dijo que las promesas de los políticos están para no cumplirse, las encuestas revelan que el programa electoral es el elemento que más influye en el voto de los españoles, muy por encima de partidos y candidatos. Una amplia mayoría considera que los programas son un compromiso que ha de cumplirse en la medida de lo posible, algo que, según perciben, los gobernantes apenas hacen. Dos de cada tres votantes opinan que deberían incluir claramente la estrategia de coaliciones postelectorales.

Nuestros políticos prometen a sabiendas de que no cumplirán porque faltar a la palabra dada sale gratis. El Tribunal Supremo sentenció que las promesas electorales forman parte de la acción política que escapa al control jurisdiccional, de modo que no cabe derivar responsabilidad civil del acierto o desacierto en su ejecución. Los magistrados concluyeron que ello supondría una grave politización de la justicia, de ahí que sugirieran que la única opción que le queda al votante defraudado es cambiar de papeleta. Para Pablo Iglesias, que mutó del proletariado al lujo, el programa debería ser un contrato vinculante cuya infracción abocara a un proceso revocatorio que desembocara en nuevas elecciones.

Esta reflexión me viene a la cabeza tras la última ocurrencia del alkate Asiron que debemos a los socialistas, que se levanta cada día pensando en cómo complicar la vida a los vecinos de una ciudad en la que no reside. Me refiero concretamente al cierre al tráfico de la carretera que atraviesa el campus de la Universidad de Navarra pretextando los accidentes provocados por su estrechez, algo que podría haberse resuelto fácilmente permitiendo la circulación en uno solo de los sentidos. Mejor haría en asfaltarla. Cierto es que esta alcaldada es un pellizco de monja comparada con las bombas que el brazo armado de la izquierda abertzale representada por Joseba Asiron hacía estallar regularmente en la universidad del Opus Dei que este personaje, tan opuesto a todo lo religioso, eligió para doctorarse.

Esta restricción se suma a la impuesta en la calle de los hospitales, y a las que han aislado un Casco Antiguo convertido, a fuerza de amabilizarlo, en un gueto dedicado al monocultivo hostelero tras la huida del comercio, para fastidio de sus menguantes vecinos. Están haciendo de Pamplona una intransitable ciudad 'orwelliana' infestada de cámaras que lo controlan todo. Hay que ver cómo disfrutan prohibiendo quienes han pasado toda su puñetera vida reclamando libertad.

El caso es que ninguno de los 86 folios del programa del PSN al consistorio capitalino permitía aventurar que los votos a Elma Saiz se emplearían para aplicar las políticas de la izquierda abertzale. Algo que sabíamos todos menos Saiz, que lo negó vehementemente demostrando, una vez más, lo poco que vale la palabra de un socialista.

Los concejales del PSN en el consistorio pamplonés están sumidos así en la más absoluta irrelevancia, pues ni forman parte del equipo de gobierno ni son oposición. Vegetan desquehacerados a la espera de las próximas órdenes de Ferraz que les traslade el interlocutor suplente, pues al hasta ahora titular le han cortado la línea.

También deberíamos repudiar a esos políticos que utilizan una candidatura como pasarela para su promoción personal y que no dudan en traicionar a aquellos votantes a quienes juraron fidelidad. La campeona en estas lides es una Elma Saiz que, siguiendo la estela de Moscoso, se fugó dos veces del Ayuntamiento, jugada que difícilmente repita, no tanto por que los votantes socialistas no acostumbren a tragar con todo, sino por sus vínculos con el hoy apestado Cerdán.

Enjuagues, los del milagrés, de los que los navarros, tan celosos de la foralidad, nos enteraremos por lo que acontezca en el Senado y no en nuestro Parlamento, pues la comedia aquí programada, que únicamente representarán actores de segunda, es más propia del Teatro Gayarre. Sería bueno, por cierto, que el PSN dejara de marear la perdiz y aprovechara la comparecencia de Yolanda Barcina en la Cámara Alta para preguntarle cómo logró que Navarra lo liderara todo sin freír a impuestos a los contribuyentes, con muchos menos funcionarios y sin atisbo de corrupción.

Aunque todavía faltan dos años para las próximas elecciones municipales, tengo curiosidad por conocer el nombre del pardillo al que el PSN inmolará como candidato al ayuntamiento capitalino. Y es que han mentido tanto que todo cuanto el infeliz prometa se tomará a chufla. Sugiero, para que nadie se lleve a engaño, que no se le permita pronunciar una sola palabra sin estar conectado a un polígrafo.

El PSN es un partido sumiso a Madrid. La prioridad de sus líderes, empezando por una María Victoria Chivite carente de luz propia, no pasa por servir a los intereses de Navarra, sino a los de su declinante Rey Sol, aunque ello comprometa nuestro futuro, lastrados por su tóxica dependencia de Bildu; o suponga abjurar de los históricos principios y valores del socialismo. Si es que a estas alturas todavía queda alguno por violentar. Pero recuerden que, por mal que lo hagan o por más que trinquen, lo verdaderamente importante es que no gobierne la derecha. Nunca jamás. Y así nos va, claro.

Manuel Sarobe es notario

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