Una legislatura en el ecuador o en el alero

El Gobierno de María Chivite cumple dos años con el cisne negro del ‘caso Cerdán’ marcándole el paso, un escándalo del que aún no se conoce su alcance pero al que la socialista y sus socios atan su futuro

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Editorial DN

Publicado el 15/08/2025 a las 05:25

Hace ahora doce meses se las prometía muy felices María Chivite. La presidenta navarra cumplía un año al frente de un Ejecutivo que parecía sortear el barro del panorama nacional en lo que ella misma calificó como un gobierno “tranquilo, sereno y útil, alejado de la confrontación”. 

Esa visión buenista saltó por los aires en el mismo momento en el que el informe de la UCO desveló una trama de cobro de mordidas por adjudicación de obra pública que ha llevado a la cárcel a su presunto cabecilla. Nada más y nada menos que Santos Cerdán, padre político de la presidenta, faro del socialismo navarro y el muñidor de los dos gobiernos consecutivos del PSN en la Comunidad foral. 

De sus supuestas conversaciones a través de mensajería secreta con Bildu que hoy investiga la Guardia Civil habrían salido los pactos que dieron primero el sillón del Palacio de Navarra a María Chivite y el del Ayuntamiento de Pamplona después a Joseba Asiron, un hecho que hasta ahora siempre ha negado el socialismo. Aquí y en Madrid. 

El descomunal cisne negro de la corrupción ha ensombrecido el ecuador de una legislatura que los partidos de gobierno y sus socios presumían plácida, y saben que la oscuridad del pozo profundizará tanto como la boca de Belate, la obra que centra las miradas por las posibles irregularidades de los Koldo, Ábalos, Cerdán y compañía. 

Lejos quedan ya los actos a bombo y platillo para festejar las efemérides de Gobierno como el de hace un año en los jardines de la Diputación. Ahora la presidenta se aferra a un perfil bajo con el que espera que el tiempo diluya los escándalos que asolan a su partido, una labor en la que sólo el cierre de filas de Geroa Bai, Contigo Navarra y EH Bildu le ha permitido borrarse de la comparecencia en la comisión de investigación que liderará el Parlamento a la vuelta del verano. Pero no cabe llamarse a engaño. Todos saben que han atado su destino a las futuras revelaciones que la acción judicial y policial puedan sacar a la luz.

Y si complejo es el panorama político que se le avecina al actual Ejecutivo navarro no lo es menos la realidad socioeconómica que vive la Comunidad foral, un momento crítico para el ciudadano en áreas como salud, industria, convivencia o vivienda. 

En la primera, julio deja el enésimo disgusto para los dirigentes forales, con unas listas de espera que siguen disparadas pese al maquillaje contable introducido por el departamento. Tampoco la saturación de los centros de salud y su falta de personal invitan al optimismo en lo que a eficiencia de gestión se refiere. 

En segundo lugar, el cierre de la BSH Esquíroz y la pérdida de centenares de puestos de trabajo apuntan hacia un problema que podría convertirse en una auténtica sangría para Navarra, el de una Industria que navega en aguas revueltas sin que se oteen en el horizonte medidas de fuste. 

La vivienda, o más bien la falta de ella, y la imposibilidad de emanciparse para miles de navarros marcan otro de los problemas que debe afrontar el Gobierno, como lo es también el de la convivencia y la seguridad ciudadana tras meses de sobresaltos. Un complicado cóctel que sitúa a la legislatura foral en pleno equilibrio entre el ecuador y el alero.

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