Cartas de los lectores
El exilio de las estatuas del paseo de Sarasate, un ataque a la monarquía navarra


Publicado el 27/07/2025 a las 05:00
El movimiento abertzale ha sido siempre enemigo acérrimo de dos cosas: de la religión cristiana-católica y de la monarquía. Recientemente, el primer edil del consistorio pamplonés propuso realizar una encuesta a los pamploneses porque, según él, se quería “conocer” la percepción y valoración de las fiestas. A ello se plasmaba tres trabajos cuyo presupuesto era de 124.754 euros. Coste que, por cierto, era del bolsillo de los contribuyentes de Pamplona, del erario público.
En uno de los trabajos se insinuaba la voluntad de quitar la religiosidad y los toros (encierros y corridas) de las fiestas de San Fermín. Todo porque el edil decía que los Sanfermines tenían que “evolucionar”. Dicho de otro modo, el primer edil del consistorio pamplonés hacía de portavoz de sus socios de gobierno municipal, arraigados a la más profunda radicalidad laicista y republicana, en persecución de todo lo religioso y de las tradiciones navarras.
No calmada su ansia de atacar a la religiosidad, le toca ahora saciarse en atacar a la monarquía. Aunque no a la monarquía española, sino a la propia monarquía navarra. El primer edil decide exiliar las estatuas de los Reyes de Navarra, que se hayan en el paseo de Sarasate, con un coste (pagado por todos los bolsillos de los pamploneses) que se acerca a los 200.000 euros. Reyes de Navarra entre los que se encuentran representados Íñigo Arista y Sancho VII El Fuerte.
Todos los reyes han tenido su importancia en la historia de Navarra, pero estos dos han sido algunos más destacados. Íñigo Arista (Eneko Aritza) fue el primer rey de Pamplona, aunque todo apunta a que no fue como tal, como rey de Pamplona, sino como rey de los bashkunis (así lo denominaban los árabes), señor de los Baskos. Resulta curioso que el alcalde de Pamplona elimine la representación del primer monarca baskon, quién lideró el genuino y auténtico ‘Pueblo Vasco’. Luego tenemos la figura de Sancho VII el Fuerte, monarca legendario por su gesta en la Batalla de las Navas de Tolosa, a raíz de la cual Navarra cuelga en su escudo las cadenas. Un símbolo de lo navarro despreciado por los abertzales (EH Bildu) y por el nacionalismo peneuvista (PNV), que quieren sustituir las cadenas por los antiguos carbunclos.
La acción en el paseo de Sarasate pretende exiliar las imágenes de reyes que lucharon precisamente por lo mismo que ellos dicen “luchar”, por la “independencia de Navarra”. Monarcas que hicieron un reino con instituciones propias, con fueros y costumbres, con tradiciones... Por eso, resulta paradójico e irónico que el que se considera vasco y defensor de lo vasco pretenda quitar una de las estatuas que representa a un rey que lideró como señor de los Baskos a Navarra.
Primero fue la encuesta para que “evolucionasen” los Sanfermines, pretendiendo sacar una mayoría en pos de quitar los encierros y corridas de toros, así como la popularidad religiosa, esencia de las fiestas, pues estas mismas se celebran a honra y dignidad de un santo católico: San Fermín. Ahora toca la monarquía de Navarra, que supuso una gran trascendencia de este viejo Reino de Navarra.
Óscar Garjón Zamborán