¿Se puede gobernar ignorándolo todo?

Actualizado el 25/07/2025 a las 22:22
En verano, la actualidad foral suele girar en torno a las inacabables fiestas de los pueblos y, en particular, a las peripecias protagonizadas por unas reses bravas dadas a tomarse ciertas libertades. Este año la palma se la lleva, de momento, Labrador, el toro capón que, haciendo hilo con el recortador Moha, acabó en la grada del coso de Cadreita.
La última hora sobre los resabiados astados rivaliza con las novedades que va deparándonos el desdoblamiento de los túneles de Belate. A dos años vista de su conclusión, uno ha perdido ya la capacidad para escandalizarse con todo cuanto rodea esta obra maldita en la que nada parece haberse hecho bien.
Lorenzo Serena, el experimentado letrado del Departamento de Cohesión Territorial -cuya cúpula desprende un insoportable olor a podrido- reiteró en el Senado el cúmulo de irregularidades detectadas en la licitación de la obra. El funcionario recordó que un acto administrativo nulo de pleno derecho puede desplegar todos sus efectos en tanto un juez no declare su nulidad, para lo cual es necesario recurrirlo.
Pues bien, ¿cómo se explica que ninguna de las empresas perjudicadas por la viciada adjudicación del contrato a la UTE de Cerdán la impugnara? Quizás porque, sabedores del comportamiento mafioso de un Gobierno que no dudó en confinar en un almacén a un funcionario que se limitó a cumplir con su deber, imaginaron que serían proscritos por la vengativa Administración foral. Navarra, capital Caracas. Sépanlo quienes pretendan hacer negocios por aquí.
Confluyen actualmente en el Viejo Reyno varias realidades, a cual más preocupante; el regreso de la corrupción socialista, una Administración ineficaz, y una sociedad sumisa. Que el socialismo navarro está familiarizado con las corruptelas es un hecho acreditable con una pila de sentencias firmes. “La corrupción cero no existe”, dijo Sánchez; “en el PSOE y en el PSN”, le faltó añadir. Recuerden que María José Beaumont, la consejera batasuna con cara de pocos amigos que nos endilgó el siniestro Araiz, creó una oficina para levantar las alfombras de los gobiernos regionalistas. No encontraron nada.
Padecemos, además, una Administración sobredimensionada, cara e ineficiente, salvo para recaudar. ¿Cómo se entiende, si no, que Navarra funcionara mejor en 2015, con 10.000 empleados públicos menos, que ahora? Y, al frente de la misma, altos cargos elegidos por afinidad política y no por mérito o capacidad. Arguye Chivite que los suyos la apoyan; ¿cómo no van a hacerlo, si les da de comer a todos? También a sus socios, corresponsables de los enjuagues que vamos conociendo.
El círculo vicioso lo cierra una sociedad conformista, resignada a vivir arrodillada ante unos gobernantes mediocres aferrados a la teta pública, sabedores de que tendrían muy complicado sobrevivir en el sector privado.
Solo así se entiende que aceptemos mansamente ser machacados a impuestos a cambio de peores servicios; viajar a Zaragoza de pie hacinados en un tren para ganado; soportar las mayores listas de espera médicas de la historia, o asistir al escarnio de ver cómo la gobernabilidad de Navarra y Pamplona -cuyo alcalde debemos a una fugitiva y a un recluso- se ha dejado en manos de una coalición retrógrada y amoral.
Y es que la ineficiencia y la corrupción solo se castigan si son de derechas. ¿Alguno de ustedes sabe qué fue de la otrora activa coordinadora Kontuz! que, al grito de “UPN kanpora”, pedía regeneración democrática y elecciones anticipadas cuando gobernaba la honesta derecha? ¿Tienen noticias de la plataforma en defensa de la sanidad pública, que solo salió a la calle cuando el mayor problema de Osasunbidea era que la empresa que gestionaba el catering hospitalario servía la sopa fría? Pues no saben nada de ellas porque la izquierda tiene bula. Si cambian las tornas, resucitarán de inmediato.
Pretender atribuir las adjudicaciones bajo sospecha del Gobierno de los Chivite a comportamientos individuales de personajes ajenos al mismo es pueril. Por algo dijo el ingrato tío Óscar que, en este tema, no ponía la mano en el fuego ni por su sobrina. Menudo ambientico debe de respirarse en las reuniones de esta familia cirbonera…
Lo único que nuestra socrática presidenta sabe es que no sabía nada; ni a qué obedecía el desmedido interés de su mentor por los contratos públicos, ni qué se ocultaba tras Servinabar, ni que empleaba a la pareja del por fin mudo Alzórriz, ni la mala praxis de sus subordinados… Del cierre de BSH supo por la prensa. ¿Podemos ser gobernados por quien no se entera de nada? Pues no, porque, en política, la ignorancia no es una circunstancia eximente de responsabilidad, sino inhabilitante para el ejercicio del poder.
Manuel Sarobe. Notario