Tribuna
El odio no va a ganar: Navarra, ejemplo de convivencia


Actualizado el 22/07/2025 a las 23:37
Hace más de veinte años llegué a Navarra como joven inmigrante, tras recorrer varios países europeos en busca de un lugar donde echar raíces. Sin planearlo, he pasado aquí más de la mitad de mi vida. En esta tierra acogedora he vivido, estudiado, hecho amigos y construido una vida con dignidad.
Por eso, cuando veo lo que está ocurriendo en lugares como Torre Pacheco, no puedo quedarme callado. Lo que sucede allí no es un problema aislado. Es el reflejo de un racismo estructural que se está normalizando en demasiados rincones de España. Desde Navarra lo observamos con rabia, con dolor, pero también con determinación. No queremos que esa semilla de odio germine aquí.
Desde la comunidad marroquí y magrebí de Navarra condenamos rotundamente los actos violentos ocurridos en Torre Pacheco: tanto la agresión inicial como los disturbios posteriores. Y queremos ser especialmente claros: denunciamos con firmeza la brutal agresión sufrida por el vecino anciano de esa localidad. Exigimos que todo el peso de la justicia recaiga sobre los culpables, sin importar su nacionalidad o su origen. La violencia no tiene excusa ni bandera.
Rechazamos cualquier forma de violencia, venga de donde venga. No se puede justificar el odio ni la caza colectiva por los errores de unos pocos. Lo que está ocurriendo allí es una fractura social alimentada por discursos de odio, desinformación y la irresponsabilidad de ciertos grupos políticos y extremistas.
Claro que tememos que esos conflictos puedan trasladarse a Navarra. Nadie está a salvo cuando se permite que el racismo se exprese impunemente. Pero también sabemos que Navarra tiene una sociedad civil fuerte, que ha demostrado que la convivencia es posible. No somos ingenuos: el racismo existe aquí, lo vemos en las calles, en las instituciones, en los silencios. Pero también hay resistencia, y nosotros somos parte de ella. Navarra ha logrado evitar episodios como los de Torre Pacheco porque aquí se trabaja, y se trabaja bien. Existen programas del gobierno autonómico y de los ayuntamientos que fomentan la convivencia de forma real y constante. Contamos con servicios de mediación intercultural, técnicos de convivencia, promotores escolares, técnicos de igualdad, técnicos comunitarios… No son solo cargos: son personas que están en los barrios, en los colegios, en los centros de salud, escuchando, acompañando, construyendo puentes. Esa red humana es lo que nos protege del odio.
Pero también debemos mirar hacia dentro.
Nuestras asociaciones y comunidades islámicas, incluidas muchas mezquitas, no están haciendo el papel que deberían. No estamos arropando como se debe a los recién llegados ni a los jóvenes migrantes que necesitan orientación, acogida, claves culturales del país, asesoramiento, mentoría. Nos falta construir redes de ayuda reales, y eso es responsabilidad nuestra.
Echo en falta programas específicos para jóvenes mayores de 13 años dentro de las mezquitas. Muchos de ellos se sienten desconectados, sin espacios propios, sin referentes. Y algo fundamental: tenemos que cambiar el discurso dentro de las mezquitas. No podemos seguir hablando solo en árabe cuando hay jóvenes que han nacido aquí o que no dominan el idioma. Hay que promover el uso del español en charlas y sermones, especialmente cuando se habla de valores universales. Si no entendemos el mensaje, no podemos vivirlo.
También debemos revisar cómo enseñamos el árabe. No se puede educar a niños nacidos en España con libros traídos de otros países árabes que no tienen nada que ver con la realidad española. Hay materiales adaptados, hay libros hechos aquí, y debemos usarlos. Además, no podemos seguir aceptando como profesores de árabe a voluntarios sin formación pedagógica. No se trata solo de saber árabe, se trata de saber enseñar, de saber educar. No podemos permitir que nuestros niños reciban contenidos improvisados o cargados de ideas personales sin filtro ni criterio. Eso es irresponsable.
A los responsables políticos les pido que estén a la altura. Que dejen de mirar hacia otro lado. Necesitamos más programas que fomenten el respeto, la convivencia y la educación intercultural. Y también exigimos que se combata con firmeza el discurso de odio que promueven algunos políticos y grupos de extrema derecha. No se puede permitir que se utilice el miedo como herramienta electoral. El racismo no es una estrategia política: es una amenaza social.
Y quiero ser claro: para que la convivencia intercultural sea real, hay que empezar a construirla desde los colegios. La educación es la base de todo. Los niños y niñas deben crecer en entornos donde se valore la diversidad, donde se aprenda a convivir, a respetar, a dialogar. Los programas educativos deben incluir contenidos sobre interculturalidad, y los docentes deben estar formados para abordarlos con sensibilidad y compromiso. Navarra es un lugar maravilloso. Y los navarros, un pueblo acogedor. Aquí he encontrado respeto, oportunidades y una comunidad que, pese a las dificultades, sigue apostando por la dignidad humana. Por eso quiero enviar un mensaje directo a todas las personas que sufren racismo, discriminación o agresiones por su origen: no se callen, no se resignen. Graben, documenten, denuncien. Usen los canales especializados en delitos de odio, como los servicios de atención de las policías autonómicas, las oficinas de igualdad, las plataformas antirracistas. Cada denuncia es un paso hacia la justicia. Y cada silencio, una oportunidad perdida para cambiar las cosas.
El odio no va a ganar. En Navarra, la dignidad tiene raíces profundas. Y nosotros estamos aquí para defenderla. Pero también para mejorar desde dentro. Porque la convivencia no se exige: se construye. Y empieza por nosotros mismos. Y en este mes de julio, con las fiestas de Santa Ana a punto de comenzar, quiero hacer una llamada especial a la convivencia. Tudela se prepara para vivir una semana llena de alegría, música, tradición y encuentro, con más de 250 actos pensados para todos los públicos. Que los y las tudelanas disfruten intensamente de sus fiestas, y que todos los visitantes se sientan bienvenidos en esta ciudad que ha sido y seguirá siendo siempre la ciudad de las tres culturas. Tudela es tierra de historia, de diversidad, de gentes amables y tradiciones vivas. Que estas fiestas sean también una oportunidad para celebrar lo que nos une, para compartir desde el respeto, y para demostrar que la convivencia no solo es posible: es deseable, enriquecedora y profundamente navarra.
Amnay Mohamed. Técnico de Convivencia Comunitaria