"Corresponde a cada uno tratar de controlar esa tela de araña tecnológica que pretende dirigir nuestros comportamientos e ideas"

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Emilio Sánchez-Carlos

Publicado el 17/07/2025 a las 05:00

Sin apenas darnos cuenta estamos inmersos en un nuevo feudalismo tecnológico con unos poderosos señores, los dueños de las grandes empresas tecnológicas, y los usuarios de las plataformas digitales convertidos en siervos. Con el control de las tierras de labranza y pastoreo, los señores feudales de la Edad Media ofrecían a sus siervos trabajo, comida y protección. Las tierras del Medievo han sido sustituidas por el control de datos y el dominio del comportamiento humano, que está socavando las bases de las sociedades democráticas y modificando las conductas de los nuevos aldeanos convertidos ahora en siervos digitales.

En este nuevo servilismo, los usuarios de las plataformas digitales ofrecemos gratuitamente datos personales, nuestra privacidad, gustos y actitudes a cambio de un entretenimiento sin fin con vídeos, fotos, memes. Una diversión permanente, de 24 horas, que nos atrapa hasta convertirnos en adictos, una especie de ludópatas digitales con una pérdida de la concentración y una dependencia cada vez más intensa. Algunos expertos han acuñado el término de “tecnofeudalismo” para referirse a este fenómeno, que es parte de una nueva era poscapitalista que comenzó a gestarse a partir de la crisis de los mercados financieros de 2008 y las innovaciones de los gurús tecnológicos de principios de siglo.

Las cinco grandes empresas que representan este tecnofeudalismo son Alphabet (empresa matriz de Google), Apple, Microsoft, Meta (propietaria de Facebook, WhatsApp, Instagram) y Amazon. A estas empresas estadounidenses hay que incluir las chinas Bytedance (propietaria de TikTok), Alibaba, Tecent, Baidu y Xiaomi, que se concentran en la región de Shenzhen, el Silicon Valley chino. El que fuera ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, es uno de los principales denunciantes de los efectos perniciosos de este nuevo sistema por la acumulación de poder económico, político y social en unos pocos oligarcas y las consecuencias tóxicas del nuevo servilismo.

Porque por ese flujo permanente de contenidos de las plataformas digitales se transmiten de manera descontrolada bulos, desinformación y falsedades con las que se confunde la realidad y la ficción y con la que se alimenta la propaganda de desalmados demagogos. En consecuencia, se genera más polarización, crispación, enfrentamientos sociales e incluso odio, como ocurre en Estados Unidos desde la victoria electoral de Donald Trump en 2016 y cuyos efectos se trasladan a medio mundo.

En la nueva sociedad feudal digital, las desigualdades entre los poderosos y las clases medias se agudizan hasta incrementar la pobreza y la dependencia económica, lo que provoca más frustración por la imposibilidad de mucha gente de adaptarse a una nueva era. El control de datos se genera por la huella digital que vamos acumulando en la nube cuando utilizamos las plataformas tecnológicas. Los algoritmos se encargan de procesar los datos que dejamos para influir en nuestras decisiones de compra y también en nuestra visión del mundo. Lo que aparentemente decidimos a nuestro libre albedrío está, sin embargo, determinado por los algoritmos que atrapan nuestra capacidad de resolución.

El poder acumulado por esas corporaciones tecnológicas es tal que algunos temen se conviertan en naciones estado, por lo que los gobiernos e instituciones supranacionales como la Unión Europea tratan de controlar y regular ese creciente monopolio. Como poner puertas al campo resulta cada vez más difícil, nos queda a los usuarios la responsabilidad de utilizar con sentido común las plataformas digitales y el dichoso teléfono del que no nos separamos.

George Orwell narró en su estremecedora novela '1984' una sociedad sometida y controlada hasta límites insospechados. Metidos ya de lleno en esa sociedad servil digital, corresponde a cada uno tratar de controlar esa tela de araña tecnológica que pretende dirigir nuestros comportamientos e ideas. Una tarea tremendamente complicada, pero comencemos por ser conscientes de que de ello depende nada más y nada menos que nuestra libertad y nuestra capacidad de decisión e independencia personal.

Emilio Sánchez Carlos. Periodista

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