"Sabemos, según nuestra propia experiencia, que el arancel enriquece a unos y empobrece a otros. Los políticos europeos deberían aprender la lección, actuando todos a una, como Fuenteovejuna"

Publicado el 16/07/2025 a las 05:00
Disfruta Trump con el juego de la negociación, sea para poner y quitar aranceles, sea para mercadear con las armas en Israel o Ucrania. La política puede ser, según las circunstancias un juego negociador, que puede terminar en un resultado previsible o imprevisible. Si no, que se lo pregunten a Luis Enrique, entrenador del Paris Saint-Germain, que quiso jugar a mago del fútbol en Nueva York (Mundial de Clubes) y salió trasquilado, pues quien no tiene formas, seguramente pierde el fondo.
Trump, sin embargo, no parece tener formas diplomáticas, sino que gusta, como casi todos los populistas, del poder bruto, de imponer, de jugar con la política del palo y la zanahoria. De momento le está saliendo bien, puesto que el mundo anda atemorizado ante un presidente tan imprevisible y tan poderoso. La idea que tiene Trump de los aranceles se caracteriza por un entendimiento más bien simple de la economía, según el cual puede bajar los impuestos a sus ciudadanos con arreglo a su programa MAGA (acrónimo de 'Make America Great Again', “Hagamos América grande otra vez”) con cargo a la política arancelaria, y de paso mostrar al resto del orbe quién manda en este planeta.
Sin embargo, el juego puede terminar derrumbando el comercio mundial y la gran pregunta es qué hará entonces el presidente del pelo zanahoria. Eso mismo habría que preguntar a Ursula Von der Leyen y a los presidentes reunidos en el Consejo Europeo, pues si Trump termina imponiendo aranceles del 30 o 40 por ciento a los productos europeos, la crisis está servida.
En la historia de España, la figura del arancel para proteger a la industria textil catalana y a la siderurgia vasca es bien conocida desde la política proteccionista de Cánovas del Castillo, siguiendo la política del imperio alemán, aunque, pese a beneficiarse dichas regiones, el independentismo grita contra el Estado opresor que les protegió y les enriqueció. Por eso sabemos, según nuestra propia experiencia, que el arancel enriquece a unos y empobrece a otros. Los políticos europeos deberían aprender la lección, actuando todos a una, como Fuenteovejuna.
En España tenemos políticos a lo Trump. Uno de ellos, como escribí hace tiempo, es Sánchez. Otros, como los de Junts, quieren solo lo suyo como sea, a cualquier precio, y ahí andan presionando para tener una financiación singular que les enriquezca a costa del resto de los españoles. Además, para que no quede ahí la cosa, han puesto encima de la mesa, como en tiempos del inefable Pascual Maragall (PSC), la existencia de un Consejo General del Poder Judicial catalán para nombrar y controlar a los jueces en Cataluña.
La política arancelaria trumpista que afecta a nuestro productos exportadores en el marco europeo produce reacción porque afecta o puede afectar a la cuenta de resultados de las empresas y al porvenir de los trabajadores, y concita, por tanto, movilización, rechazo y respuesta exigente. Sin embargo, los de la financiación autonómica y de la justicia tardan más en afectar a los ciudadanos y por eso se les presta menos atención. Pero sus efectos son como los de los aranceles: protegen a unos y perjudican, en nuestro caso, a todos los españoles, incluso a los que se creen muy a resguardo por los fueros y los conciertos. ¡Nuestro tiempo es el de la solidaridad y no el del privilegio!
Manuel Pulido Quecedo. Abogado. Doctor en Derecho